Poco a poco, el chupete se convierte un refugio contra el mundo exterior. El niño se refugia detrás de este objeto de plástico y retrasa la comunicación.
Algunos padres, según comenta el doctor Arrestier, al no intentar que el niño deje el chupete, y no enseñarle a que se lo quite de la boca par hablar “hacen que se mantenga en un estatuto de bebé. Mientras chupe el chupete, seguirá siendo pequeño… ¡aunque ya haya crecido!»