Al principio, el chupete se convierte en un reflejo para facilitar que el bebé se duerma. Sin embargo en seguida se constata que los inconvenientes no sólo son de tipo psicológico, sino simplemente práctico. Porque un chupete... ¡se pierde fácilmente! Un bebé que pierde el chupete en la cuna, o que lo deja caer sin querer de la boca, va a llorar para recuperarlo…
Como cuenta Laura, «¡era insoportable al cabo de una semana! Ana se despertaba en cuanto dejaba caer el chupete. Había que levantarse corriendo para volvérselo a meter en la boca. Al final no pude más y acabé enseñándole cómo chuparse el dedo! ¡Al menos lo encuentra fácilmente ella solita!»