Deja que los niños arreglen sus problemas solos pero estate siempre con un ojo encima por si acaso. No te metas en su pelea, ya que para ellos eso significaría que le das preferencia a uno de ellos. Sin embargo, no dejes que las cosas se pongan feas, ni que se insulten o peguen.
Cuando intervengas déjales claro que no toleras ningún tipo de agresión verbal o física y que hay que dialogar y comunicarse para solucionar las cosas. Discutimos y damos nuestra opinión. Hasta ahí perfecto; pero no intentamos destruirnos…
Eres tú quien decide el nivel de agresividad que toleras, pero en ningún caso la situación debe sobrepasar el límite establecido. Da igual qué edad tengan tus hijos, ya que hasta los más pequeños entienden eso.