Impón tus reglas con firmeza: sí, tienen derecho a discutir; sí, entiendes que cada uno tenga que expresar su resentimiento, tristeza o rencor. Pero nada de peleas, ni de insultos ni, de humillaciones.
Además, les informas de las consecuencias: se les castigará según el grado de violencia y se les separa (cada uno irá a su habitación durante un tiempo determinado) y hasta se les puede castigar sin videojuegos, tele etc.
Cíñete a tus reglas en la medida de lo posible. Tus hijos no entenderán porqué no cumples las normas y además perderías parte de tu autoridad. Además, ver que tus padres dudan o vacilan, genera angustia y pérdida de referencias para los niños. Con la consecuencia de que habrás agravado aquello que querías solucionar.
Y no lo olvides: a menos que hayas presenciado lo ocurrido y pudieras juzgar quién ha hecho qué, no castigues a uno y al otro no, porque han participado todos en la bronca.