 © Lili Gaufrette
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Es inútil intentar acaparar la atención de un niño más de 10 minutos: a partir de ahí, hay que cambiar de actividad, descansar algunos minutos, si queremos que el niño vuelva a esforzarse para aprender otra cosa.
La lectura, por ejemplo, no debe exceder ese periodo de tiempo. El niño retendrá mejor lo que ha leído.
Intercalar actividades intelectuales, actividades físicas y momentos de inactividad permite que el niño no se fatigue… Por esta razón, en parvulario se alternan múltiples secuencias, pero nunca más largas que los famosos 10 minutos.
Y ¡jugar! El juego desarrolla la atención, el razonamiento, la imaginación…Es decir, la abstracción del mundo exterior para sumergirse en el mundo del juego, dicho de otra manera, de la concentración. Todos los juegos son buenos: juegos tradicionales, juegos de desempeñar un papel, de observación…