Valora a tu hijo en cada paso a delante que dé en su proceso de aprendizaje. Anímale con el mínimo progreso que realice. Felicítale. Muéstrale tu satisfacción. Y, sobre todo, nunca le pongas como ejemplo a otro niño que se concentre más que él o tenga mejores resultados.
A partir de los 6 años, puedes llegar a pequeños “acuerdos” con él: Si consigue leer un pequeño texto sin interrupciones, le dejarás ir al ordenador durante 15 minutos.