Observándole, simplemente.
Comenzad una actividad como la lectura, por ejemplo, cuando el niño esté bien descansado. Con el reloj en la mano, calcula el tiempo que el niño dura sumergido en la lectura, sin distracciones ni interrupciones, salvo que haga una pregunta sobre la comprensión de la lectura.
Para el “cronómetro” cuando veas que ya no se concentra en la lectura y que empieza a acelerarse.
Obsérvale durante varios días seguidos, e intenta eliminar al máximo los factores exteriores (el teléfono que suena, el hermano que viene…). De esta manera, tendrás una idea de su capacidad de concentración. Es posible que te sorprenda: “¿Cómo? ¿Tiene 8 años y no se concentra más de 10 minutos?”
No te pongas nerviosa: tu hijo tiene que madurar todavía y, sobre todo, no le des más importancia de la que tiene pensando que se trata de hiperactividad, porque los síntomas de esta afección son precisos.