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Para evitar que tu hijo coja sobrepeso, tienes que proporcionarle una alimentación equilibrada. La base: comer un poco de todo de manera razonable.
Para un niño, lo ideal sería:
> Cuatro comidas al día (merienda incluida), sentado, tranquilo y, si es posible, en familia.
> Cinco raciones de frutas o verduras al día.
> Algo de alimentos con alto contenido en fécula en cada comida.
> Carne o pescado una vez al día (no más).
> Leche o productos lácteos tres veces al día.
> Un desayuno que incluya una ración de cereales, un lácteo y fruta fresca.
> Un único tentempié (o merienda) al día: la merienda (limitada en horario y en cantidad).
> Nada de picotear fuera de las comidas.
Y, sobre todo, enseña a tu hijo a identificar lo que siente: a comer cuando tiene hambre, ni más, ni menos. Es mejor centrar tu discurso sobre su bienestar en vez de en su peso, noción vaga que puede hacerle sentirse culpable.
Las costumbres alimenticias que hereda tu hijo las guardará toda su vida. Así que vale la pena esforzarse los primeros años.