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Sólo un 1% de los casos de obesidad infantil se deben a una causa médica (genética o de origen endocrino). Así que en el resto de casos, deben adoptarse una serie de costumbres lo antes posible.
> Piensa en "verde": no tiene porqué ser biológico o fresco (no siempre tenemos el tiempo o el dinero necesario), pero intenta que sea lo menos industrial posible: es mejor que coma una barrita de chocolate y un trozo de pan que un pastel, una fruta mejor que una compota… Incluso una hamburguesa “hecha en casa” es mucho mejor que una de una cadena de comida rápida. Los productos industriales siempre tienen grasa, azúcar o sal añadida: si consume productos naturales, reduces el aporte calórico y acostumbras al niño a los sabores “reales” de los alimentos.
.> Moverse: anima a los niños a que salgan a jugar fuera en lugar de quedarse viendo la tele o jugando con la videoconsola o el ordenador. ¿Cómo? Sal a pasear con ellos cuando tengas tiempo, y anímales a que inviten a otros amigos (estarán menos tentados por las pantallas de tv etc.) y apúntales a actividades físicas… Los especialistas recomiendan media hora de actividad física diaria.
> No hagas de la comida una solución para todos los problemas: para muchos padres, un niño con buena salud es sinónimo de estar regordete y tienen tendencia a cebarles en cuanto llora. Ahora bien, a pesar de que sea cierto que un niño alimentado llora menos, es peligroso acostumbrarle a la idea de que la comida le consolará: también puede llorar para manifestar que necesita mimos, atención, dormir…
> No culpabilizar al comedor escolar: no existen estudios que demuestren una relación entre la obesidad infantil e ir al comedor escolar.