Es el lugar del cuerpo masculino más rico en corpúsculos de placer. Por tanto es muy sensible a las caricias de los labios, de la lengua, la humedad de la saliva, a los dientes (muy delicadamente, ya que es muy frágil...) ¡Le gusta todo! Un lugar aún más receptivo: su corona, ahí en donde se une al tronco del pene.