Laura, 29 años, Madrid
Sinceramente, Javier y yo, ya hacía semanas que nos andábamos rondando. Comíamos juntos todos los días en el trabajo, nos mandábamos mensajes por las noche y el fin de semana, y todo el mundo bromeaba con que teníamos una relación secreta… Pero de hecho, no teníamos relación, ni siquiera secreta. Como ya estaba harta de jugar a ser tímidos, decidí tomar las riendas del asunto. Le mandé un mensaje para invitarle a cenar a mi casa y para que se quedara a dormir.
Yo esperaba que me dijera algo, pero me contesto al día siguiente: “Siento mucho que te hayas hecho la idea equivocada. Pero yo estoy casado. Pensaba que lo sabías. Pero seguimos siendo amigos, ¿no?".
Ese fue mi primer paso…