En la vida en pareja tendemos a perder la intimidad y dejarnos llevar por las costumbres: vamos al baño con la puerta abierta mientras contamos cómo nos ha ido el día, hablamos con la boca llena, nos depilamos en la cama mientras el señorito ve el fútbol, nos damos la crema anti-estrías ante él… Y ¿dónde está esa mujer encantadora y misteriosa que le volvía loquito?
Hazle soñar un poco sin mostrarle todos tus pequeños secretos. Si tienes por costumbre pasearte como Eva para hacer la limpieza o leer el periódico, ¡tápate!
De hecho, has banalizado tu desnudez y has deserotizado tu cuerpo. No hay nada más excitante que aquello que sugieres. Y guarda para ti todos esos rituales de belleza que se deben hacer en el cuarto de baño y a solas. Así, suscitarás su curiosidad.