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“¿Qué hiciste ayer por la noche?” preguntan los compañeros de trabajo mientras toman café. “Nada, vimos la tele”. ¡Hasta lo dices tú! Aunque no hicieras “nada”, tienes esa sensación algo embarazosa de no haber hecho nada realmente. Ver la tele, que puede ser una manera lúdica de evadirte, se convierte en seguida en una trampa. Sobre todo, si tienes una en la habitación y si abusas de su uso. Se convierte, entonces, en la tumba de vuestra vida sexual. Encenderla es un reflejo, hace ruido de fondo e impide todo tipo de diálogo.
No decimos que la tengas que vender en el acto, pero por lo menos disminuye su uso o cámbiala de sitio. De esta manera, elegimos un programa como si fuera una cita. Ver la serie que te gusta o el estreno en televisión de tu película favorita se convierte en el momento ideal para celebrar una pequeña fiesta: encarga comida china y prepara una bonita bandeja con una botella de vino. Y disfrutarás al máximo de esa noche.
Lo ideal sería que la reemplazaras por otras actividades como ir al cine, al teatro, preparar un aperitivo, un juego… Y ya estáis de nuevo compartiendo. Te sorprenderás de lo rápido que te acostumbras, sobre todo ¡cuando es por una buena causa!