La carrera al orgasmo, el goce obligatorio… ya están pasados de moda. Estamos de acuerdo, ¿no? Lo que sigue siendo pura felicidad es ese mimo que acaba en apoteosis. Y, sin caer una visión mecanicista de nuestros jueguecitos, saber cómo y porqué llegamos (¡o no!) puede tener su utilidad.