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En tu libro Le traité des orgasmes dices que todas podemos llegar al orgasmo, que sólo tenemos que conocer mejor nuestro cuerpo. Normalmente, se dice que todo está en la cabeza… ¿Porqué tu teoría es tan diferente?
¡No es tan diferente! Simplemente, yo no marco una diferencia entre ambos, yo me dirijo tanto al cuerpo como a la mente. Evidentemente que lo que importa es la ternura, el amor y la fantasía. El orgasmo siempre está en la cabeza. ¿Pero para qué queremos un buen instrumento musical si no sabemos leer las notas musicales? La mayoría de mujeres son incapaces de decir dónde se encuentran los ovarios y el útero. Ninguna de ella ha tocado su cuello uterino y no es consciente de que ese gesto puede provocar mucho placer. Por tanto, evidentemente, es esencial conocer bien el cuerpo. Para ello, una tiene que explorar y descubrirlo gracias a la masturbación, un acto totalmente indispensable.
Pero es algo que hacemos por naturaleza ¿no?
¡Te estás olvidando 2.000 años de represión moral y religiosa! En el siglo XIX, las mujeres no podían tener placer, se consideraban frígidas. Les hacíamos llevar camisones enormes o manoplas con puntas para evitar que se masturbaran. Evidentemente, hubo una revolución sexual y las cosas han cambiado desde hace unos cincuenta años. Pero eso sólo afecta a una pequeña parte de la población, principalmente a las más jóvenes que se han apuntado a los juguetes sexuales. La prohibición, hoy por hoy, todavía es fuerte en el inconsciente colectivo.