 |
Tengo que admitirlo: ¡Carlos se portó heroicamente! Todo fue como estaba previsto: el camino, la nieve, mi madre y mis tías alteradas, mi abuela sorda como una tapia, mi tío que insiste en jugar un partido de futbol en el barro, “Seguro que queréis un poco más de bizcocho”… y se queda impasible.
Incluso cuando tuvimos que explicar que no bebía alcohol, y no porque era musulmán, sino porque había que volver a casa porque trabajaba al día siguiente y había que madrugar…
Estaba esperando a que reventara
En resumen, presentar a Carlos a mi familia descompuesta, fue más duro para mí (una angustia total) que para él (bajo control). Durante todo el fin de semana estuve esperando el momento en que reventara… Pero mantuvo la sonrisa a todas horas. Sólo me dijo que la abuela a veces hablaba demasiado alto, pero que le parecía gracioso.
Fue entonces cuando supe que era el hombre de mi vida.
De eso ya hace cuatro años, y ¡todavía nos reímos al respecto! En fin, pero ahora estoy algo preocupada porque este año me toca a mí “soportar” a su familia, y tengo miedo de no tener tanta paciencia como él.