El tema empeoró cuando llegaron nuestros padres. Tenía la cabeza en otro sitio. Estaba estresado. Su madre se puso nerviosa y la mía le pinchaba. Después llegó la hora de los regalos. En un principio, pensé que no tenía ningún regalo para mí. Yo buscaba escusas como “ ha estado tan estresado y ocupado organizando todo que se le habrá olvidado. Pero me lo dará más tarde…”
Me hizo el regalo más bonito
Después, puso una rodilla en el suelo y abrió una cajita. Al principio no lo entendía. Tuvo que decir “Estefanía, ¿quieres casarte conmigo?” para que me diera cuenta. Fue entonces cuando entendí porqué estaba tan estresado… sinceramente, ¡no había por qué alarmarse, por lo demás! Dije que sí sin dudarlo ni un instante y él estuvo mucho más relajado el resto de la noche. Después, tuve que insistirle para que me ayudara a fregar…