Lola, 31 años, Burgos
Estábamos locos de amor. La idea de separarnos más de dos días nos parecía imposible. Así que nos dijimos: ¿por qué no organizamos las Navidades en nuestra casa? Así nuestros padres se conocerán. Mejor hubiese sido callarse. Empezamos por enfadarnos sobre si poníamos o no un árbol de navidad en el apartamento. Yo decía que unas Navidades sin árbol de navidad no eran Navidades. Él decía que los espinos matarían al gato.
Empezó a ponerme de los nervios
Después, me dejó que cocinara todo sola, porque decía que eso no era lo suyo. Lo que no impidió que viniera cada media hora diciendo “huele raro, ¿no?” o “¿no has puesto demasiada sal cariño?”. ¡Y lo peor es que mientras tanto él no hacía nada!