El apartamento estaba patas arriba. Acabábamos de mudarnos y a él no se le ocurrió vaciar ni dos cajas o al menos intentar esconder las cajas con un mantel. “La decoración es más bien lo tuyo, ¿no?” me decía.
Vi cómo era realmente
Pero lo peor fue cuando se negó a afeitarse. Le dije que se afeitara porque quería que estuviera presentable la noche que nuestros padres se iban a conocer. Pero me dijo que él estaba de vacaciones y que, por principios, hasta el día en que volviera al trabajo no se afeitaba. En resumen, descubrí que mi príncipe azul también podía ser un perfecto “macho”. Seguimos juntos pero desde entonces ¡no idealizo nuestra relación!