Todas sabemos que lo prohibido sabe un poco a gloria. La transgresión, el miedo de ser sorprendidos y la subida de adrenalina que sigue contribuyen mucho a la hora de excitarse. ¿La buena noticia? La vida diaria está llena de situaciones en las que los achuchones son enloquecedores y el deseo ardiente… ¡pasa a la acción!
¿Cómo?
¿Que está al teléfono con el jefe? ¿Y si aprovechas para ocuparte de él? No te mosquees si el señorito opone resistencia: ¡Al menos tiene un mínimo de conciencia profesional! En la misma situación, dile cuáles son tus deseos y consigue que se le haga la boca agua en situaciones en las que sea imposible llevarlos a cabo: en la calle, en el cine, en el tren o en un probador. Añade un poco de picante a las palabras y con gestos un poco fuera de lugar y deja que el encanto haga su trabajo…
¿Qué te aporta?
Un sentimiento de transgresión excitante y una manera de hacer que una situación cotidiana sea potencialmente erótica.