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Ana, 30 años, comerciante
Jose es el hombre de mi vida. Lo supe en cuanto nuestras miradas se cruzaron por primera vez. Y estoy dispuesta a perdonárselo todo. Cuando no se muestra muy atento conmigo, le busco excusas. Cuando se olvida de nuestro aniversario, soy yo quien le invita al restaurante. Me quiere, estoy segura, pero no sabe mostrármelo, así que soy yo quien hace el esfuerzo por los dos.
Lo hice todo para retenerle
En cuanto supe que tenía un lío, evidentemente, me puse en su contra. Pero discutimos y lo entendí. Él era consciente de toda la atención que yo le prestaba, pero pensaba que me olvidaba un poco de mí misma. Tenía razón.
A fuerza de ocuparme de él, no me ocupaba de mí misma. Me había convertido más bien en una madre en lugar de una amante. Así que decidí reconquistarle. Me apunté a un gimnasio y me empecé a vestir de manera más sexy. En resumen, me dedicaba tiempo a mí misma. No quería dejarlo marchar. Mis amigas creen que soy un poco masoquista. Pero yo sé que es sólo que estoy enamorada… Tengo la recompensa: seguimos juntos y ¡ya no me engaña!
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