Sandra:
« Tuve la suerte de hacer un curso de tantra con mi marido. Nos dimos cuenta que hacíamos el amor más o menos siempre igual, sin gran imaginación.
Este curso nos hizo descubrir un montón de cosas. Una de mis caricias preferidas no es para nada sexual: se trata de una relajación, estamos uno al lado del otro,
desnudos y nos cogemos de la mano escuchando música relajante. En ese momento siento que estoy muy unida él, ¡es casi un placer espiritual! ».