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En cuanto surge un problema, lo comentas lo mínimo posible, ¡prefieres evitar pensar en ello!
Tú: Esperas a que el problema se resuelva por sí sólo, centras toda tu energía en hacer otra cosa (salidas, compras, etc.) o llamas a alguien que juzgas competente: podrá tener una buena idea para solucionar tus problemas…
Tus puntos fuertes: Tienes una gran facilidad para olvidar tus problemas y te lanzas en cualquier pasatiempo. Sabes delegar. En cuanto te das cuenta que puedes tener confianza en una persona, la dejas actuar, y ello te deja tiempo para ocuparte de otras cosas.
Tus límites: No tienes suficiente confianza en tus propias capacidades para vencer un peligro. Puede que hayas pasado por fracasos importantes. Así que desde entonces, no quieres asumir un papel activo para resolver tus problemas.
Cómo mejorar: Conoces las tácticas que te ayudan a huir. Déjalas a un lado para forzarte a establecer un plan de acción para afrontar un problema. Al principio sigue los consejos de una persona en la que tengas confianza porqué sabes rodearte bien.
¡Progresivamente conseguirás controlar tu huida e ir hacia adelante!