 |
Leonor, 31 años, farmacéutica
"¡¿Quieres dejar de preguntárselo todo a tu madre?!" Eso me lo lanzó un día mi marido una vez que discutimos. Lo peor es que tenía razón.
Desde que soy pequeña estoy muy unida a mi madre. Hay que decir que ya sea a los cuarenta, los cincuenta o los sesenta, sigue estando radiante. Ha conseguido llevar a la perfección su vida profesional y afectiva y ha llevado de maravilla nuestra educación. En cuanto tengo una duda se lo pregunto a ella, y cuando tuve mi primera hija, insistí para que estuviera en el momento del parto. Y le puse su nombre a mi hija pequeña.
Pero aunque tengo la impresión de ser libre, me doy cuenta que me cuesta tomar una decisión sin contar con su opinión. Hago las cosas en función de lo que me dice o me diría mi madre. A veces me doy cuenta que hablo como ella. Así que sin renegar de su influencia y mi admiración por ella, intento tomar un poco de distancia… ¡por que al fin y al cabo lo que más me gusta de ella es su independencia y su espíritu libre!