Natalia, 25 años, estudiante
Elegí estudiar Filosofía sin que me apasionase demasiado. De hecho en aquel momento mi vida me aburría. Cuando uno de mis profesores entró en clase por primera vez con su calva y su barriguita no se puede decir que saltase de alegría. Pero cuando le escuché hablar por primera vez, sentí que algo pasaba. Tenía 50 años pero su voz parecía que tenía 30 menos. Hablaba de filosofía como si hablase de una mujer de la que estaba enamorado. Con esa mezcla de deseo y respeto… fue como una revelación para mi.
Hace tres años de eso y no me he cansado de mi profesor. He continuado mis estudios, y como él, he descubierto una pasión por la filosofía. Me encanta y me he convertido en una auténtica especialista.
Pero al margen de la filosofía, tengo la impresión de haberme enriquecido a su lado. Y nadie me reprocha estar bajo su influencia, al menos hoy me siento viva.