Un niño suele ser sinónimo de sacrificios personales: adios a las salidas al restaurante o a cine, los viajes al otro lado del planeta, los fines de semana con los amigos…
Las mujeres que no quieren hijos no están dispuestas a renunciar a su tiempo libre y a su libertad para hacer lo que les apetece, sin necesidad de tener la necesidad de dejar a los niños con los abuelos por ejemplo. Para ellas tener un hijo supone ante todo cambiar de vida.