Si algunas pueden hacer lo que les dé la gana con el cabello, nosotras tenemos el derecho de hacer lo mismo con nuestro cuerpo. Regímenes, maquillaje, deporte, cirugía estética… Todos los medios son buenos para tomar el control de nuestro exterior y modificarlo para que esté más acorde con la idea que nos hemos hecho.
Como explica David Le Breton, no hay más vuelta de hoja: para que uno esté contento con su cuerpo, tiene que añadirle una marca personal para tomar así el control de este. Una marca que adquiere toda la sustancia en el tatuaje.
Lo hemos entendido: es ante todo un símbolo de afirmación de sí mismo, de los gustos y de la personalidad de cada uno. También representa un gesto de independencia. Generalmente, supone un enfrentamiento con los padres ya que decidimos modificar la apariencia que nos han dado. Por tanto, normalmente es su reacción la que más tememos…