Cuando una tiene una superstición… conjuramos la mala suerte tatuándonos herraduras de caballo, un Trevor de cuatro hojas o un dragón, una de las criaturas más solicitadas y que se supone encarna una fuerza superior.
Otras sienten la necesidad de llamar a una fuerza divina tatuándose símbolos religiosos (cruces, la virgen María, crucifijos, un buddha…). Algunas también conceden a estos símbolos imborrables el don de la protección y de los poderes mágicos. Después de todo, es imposible que se nos olvide el tatuaje de la buena suerte y no como la pata de conejo ¡que se nos puede perder u olvidar!