 |
Jean-Jacques Moscovitz es psicoanalista y co-autor de Une psychanalyse, pour quoi faire ? con Philippe Grancher.
¿Qué significa mantener la distancia adecuada? La distancia adecuada sería el punto verdadero entre sí mismo y los demás. Cuando lo encontramos, lo reconocemos. Somos nosotros mismos respetando siempre a los demás. En ese caso, no estamos más invadidos que nuestras invasiones, no destruimos al otro más de lo que lo hace él. En la relación con el otro, sobre todo en las relaciones sentimentales, están en juego las pulsiones posesivas y destructivas. Cuando no sabemos encajar nuestras emociones ni la de los demás, darles la importancia exacta, o bien nos volvemos apasionados o nos damos a la fuga. Esos son los dos extremos de una distancia no adecuada.
¿Cómo encontrarla? Tenemos que aprender a componer con nuestras emociones. En algunos casos, estamos obligados a mantener la distancia adecuada. En una entrevista de trabajo, por ejemplo, el director de recursos humanos espera de ti una actitud concreta: que estés motivada y estés lo suficientemente segura de ti misma, y que muestres tus capacidades para conseguir el puesto sin aplastar a los demás. Una imagen que tú intentarás dar durante la entrevista. Su papel será el de intentar desestabilizarte para saber cuál es tu punto verdadero. La persona se mantiene atenta para esconder sus puntos débiles y enfatizar los puntos a favor.
¿Es que eso nos lleva a fingir una actitud que no es real? No, eso debería ser natural, pero en realidad, para algunas personas, eso supone un esfuerzo. Cuando conseguimos reflexionar sobre nuestras emociones, pulsiones, deseos y angustias, nos conocemos mucho mejor. A partir de ahí, sabemos buscar la reacción adaptada, aquella que cuenta con nuestras emociones pero también con la situación que se da en el momento, expectativas o miedos de los demás. Cuando alguien te gusta mucho, por ejemplo, no te echas encima directamente, envías señales y recibes otras para pasar así al acto. Si no, corres el riesgo de que todo termine fatal. Entonces, es esa vigilancia la que uno debe tener, en lugar de dejarnos llevar por las emociones del momento o un sentimiento, uno tiene que aprender a hacerlo menos violento y a asimilarlo. Es la didáctica del respeto a sí mismo y al otro.
*Ediciones Grancher, 2006.