Una noche, ves que hay alguien que te habla. Parece que conoces a esa persona y, sin embargo, no es el caso. Te habla pero tú tienes ganas de escaparte.
Se encienden las alarmas “Atención: animal peligroso”. Sin embargo, impulsada por la curiosidad, hablas con él pero cada vez estás más incómoda. Cuando termine la noche, ¿le dejarás tu número de teléfono a ese desconocido? No, porque tu intuición te ha alertado. Si no, sería por tu cuenta y riesgo.