Si tus palabras son confusas, también lo será tu realidad, y vice-versa. Deja atrás las generalizaciones que te encierran y escoge las palabras justas. Por ejemplo, no le digas a tu mejor amiga “estoy pasando por un mal momento con Andrés”, dile mejor “creo que me está engañando”, “ya no le quiero” o “tengo ganas de conocer a otras personas”. No tengas miedo a las palabras.