Ya no podía seguir viviendo lejos de él, así que decidí dejarlo todo e irme con él a África. Lo tenía claro y no lo dudé ni un instante. Mala suerte para mi trabajo, mi familia y mis amigos. No era fácil dejar a todo el mundo pero era mi destino.
Le di sentido a mi vida
Seguimos juntos y tenemos nuestra propia casa. Yo también trabajo ahora como médico en la ayuda humanitaria. Gracias a Simón, soy más feliz que nunca: he conocido una cultura extraordinaria, soy útil para los demás, en resumen, que ¡finalmente me siento viva!