Ese chico tan majo que nos abre la puerta, el señor tan amable que nos deja su asiento en el bus, el cartero que sube andando cinco pisos para darnos un paquete...
Tantas personas a las que decimos gracias de forma casi automática, de forma natural.
Pero además están los demás, nuestros seres cercanos a quienes pensamos en dar la gracias a menudo pero no lo hacemos tanto como se lo merecen.