Las investigaciones
sobre la leche materna demuestran constantemente sus virtudes. La lactancia calmaría
a los bebés por la proximidad física entre la madre y su hijo, así
como gracias a la acción de los tranquilizantes naturales que facilitan
el adormecimiento del bebé, después de cada toma.
La leche materna hace mucho más que alimentar, protege por un sistema de
anticuerpos. A demás, se adapta perfectamente, gracias a su composición,
a la edad del bebé y a sus necesidades esenciales. Para simplificar: la
leche cambia al cabo de los meses e incluso, durante una toma. Compuesta en un
85 % de agua, la leche materna contiene una gran diversidad de elementos necesarios
para el crecimiento de los bebés: proteínas, sales minerales, galactosa,
vitaminas,... Los pediatras también señalan el poder protector de
la leche materna, contra las alergias alimentarias y el eccema. La leche materna
es por tanto, el mejor alimento para el bebé, pero como lo explica la especialista
Bénédicte Baillot-Hardy: "con todas sus cualidades, la leche
materna puede parecer la panacea universal. Sin embargo, parece que no aporta
todas las virtudes y solamente el bebé se beneficia cuando la madre desea
realmente dar el pecho. Si no, un biberón preparado con amor será
mucho más beneficioso que una toma dada sin convencimiento y aprehensión". |