
Lo
ideal sería que pudiésemos hablar siempre con dulzura a nuestros
hijos, explicarles las cosas sin levantar la voz, no tener que repetir las consignas
de todos los días... Pero llevamos un ritmo de vida que hace que siempre
estemos al límite, cansadas, con los nervios a flor de piel.
Nuestros hijos acaban pagándolo: a veces no sabemos comunicar con ellos.
¿Entonces qué hacer? Béatrice Di Mascio, pediatra y madre
de familia, que está constantemente a la escucha de los padres,
te da consejos simples y de buen sentido. |
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