Renace en tus ojos la vida, aferrando con fuerza mi alma, en tu momento de dulce agonía, cuando mi vida la reclamas y abres tus alas infinitas, ardiendo mil soles en llamas, lamiendo heridas escondidas, adornando el placer con palabras, con gemidos hacemos poesía, rimando cuerpos y miradas, versos de piel y fantasía, éxtasis de notas engarzadas, en latidos de alocada melodía. Retumba la sangre en las entrañas y rebosan lágrimas henchidas de tanto amor que nos inflama y que revienta en las pupilas, surcando de cariño la espalda en un final sin despedida.
Rodéame con tus brazos, abrázame bien fuerte. Mírame, busca mis ojos, pídeme que no te suelte. Dime que necesitas mis pasos, mi piel y mi sangre, las caricias de mis manos, mis pupilas para mirarte. Dime que tus labios, como flor sin regarse, se marchitarán sin mis besos, sin mi boca para besarte. Que soy la paz de tu cuerpo, el mío la necesidad de tu carne. Que buscas, como lobo hambriento, mi rastro para devorarme. Dime que lo quieres todo, mi fuego para alumbrarte, las aventuras de mis sueños, mis ganas de desnudarte. Pídeme que no me vaya, que cada día no me marche. Que si mi presencia te faltara todo el mundo se haría nadie.