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¿Sabes qué mirar en el etiquetado de los alimentos para comer más sano?

por Redacción enfemenino Publicado en 8 de junio de 2017
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Comer de forma más saludable no significa solo atender a la cantidad de calorías o grasas que lleva un alimento, sino que intervienen también otros muchos factores como los alérgenos, los aditivos o el azúcar. Te enseñamos cuáles son los datos que debemos tener en cuenta cuando miramos el etiquetado de los alimentos que compramos. ¡Toma buena nota!

Dedicar una hora de nuestro tiempo a hacer la compra en el supermercado es cada vez más difícil. Por regla general, solemos decidirnos a pedir nuestra compra a través de Internet o hacer un rápido repaso por los pasillos de la tienda, adquiriendo solo los bienes de máxima urgencia. Cada vez resulta menos común tomarnos ese tiempo necesario para hojear las etiquetas de los productos que consumimos y saber qué estamos comiendo. Pero, ¿sabías que con un poco de atención a la información nutricional de los alimentos podríamos comer de una forma más saludable?

Y no solo nos referimos al aporte calórico, sino al azúcar, aditivos o, incluso, los alérgenos. Esto último es especialmente importante para las personas que sufren algún tipo de intolerancia o alergia, ya que mirar las etiquetas evitará que consuman esas sustancias que les sientan mal (gluten, lactosa...). Por otro lado, al fijarse podrán descubrir otras alternativas a esos productos que no contengan ese ingrediente que les sienta mal. En este sentido, lo ideal es que te asegures de que los productos incluyan el logo de alguna asociación externa a las marcas, como el de ADILAC, que indica que el producto no tiene lactosa.

© Nestlé

¿En qué debemos fijarnos en el etiquetado de un producto?

Para empezar, debemos tener en cuenta que el consumo de calorías diario para nosotras depende de diversos factores como el peso, la altura, la edad o la actividad física. A partir de este dato, no podemos volvernos locas contando calorías y tenemos que atender también a otros parámetros que te mostramos a continuación:

  • Alérgenos: es importante revisar los alérgenos para evitar problemas si se sufre alguna intolerancia. Gluten, lactosa, cacahuetes, moluscos... De este modo la alimentación será más segura y se podrá identificar las alternativas a estos productos, como por ejemplo los helados sin lactosa o el pan sin gluten. Como ya hemos mencionado, procura que en el producto aparezca el logo que indica que no dicho ingrediente (gluten, lactosa, cacahuetes...) de una asociación fiable, como es el caso de los helados sin lactosa de Nestlé. ¡No corras riesgos!

  • Calorías en relación al tamaño de la porción: como habrás comprobado en el etiquetado de alimentos como las galletas o los cereales, estos datos no solo nos informan de las calorías que contiene todo el contenido recogido en la caja, sino que también nos dice cuántas son las calorías acumuladas en una porción de este alimento. Obviamente es a esta última a la que tenemos que atender para evitar llevarnos una imagen distorsionada de la realidad.

  • Azúcares: más allá de esas primeras leyendas llamativas de las que hablábamos, encontramos también muchos productos como zumos o yogures con un supuesto 0% de azúcares añadidos. Para evitar confusiones, te recomendamos que prestes atención al etiquetado porque, en este caso, la primera impresión no es la que cuenta. Lo recomendable es que un producto no acumule más de un 10% de azúcares añadidos.

  • Tipo de grasas: ¿saturadas o vegetales? Las conocidas como "grasas malas" y "grasas buenas". En este punto es muy importante que hagamos más caso al tipo de grasas que contiene el alimento que a la propia cantidad de las mismas. Por ejemplo, debes buscar que predominen las grasas mono o poliinsaturadas y que la cantidad de conocidas como grasas trans sean las mínimas posibles.

  • Aceites en las conservas: aunque con un primer golpe de vista, descubramos atún, sardinas, queso u otras conservas en aceite de oliva virgen extra debemos preguntarnos, ¿todo el aceite que acompaña a este producto es saludable? Muchas veces, al ver el etiquetado comprobamos que la mezcla de aceites está a la orden del día y que, efectivamente, la proporción de aceite de oliva es mucho más pequeña de lo que pensábamos. A partir de finales de 2016 la nueva en el etiquetado de este tipo de alimentos encontraremos también la indicación que concrete de qué tipo de aceite de origen vegetal estamos hablando.

  • Fibra: muy a tener en cuenta: ¡No es oro todo lo que reluce! Metidas de lleno en la operación bikini, es uno de los primeros valores que miramos en la etiqueta de cualquier alimento. Nosotras te aconsejamos que no te fíes de tu primera impresión, revises la etiqueta y no confundas los alimentos que se anuncian como integrales con aquellos que tienen más fibra.

  • Sodio: buscaremos siempre aquellos alimentos que no tengan una concentración muy alta de este mineral. Por ejemplo, unos 200 mg por cada 100 g de producto sería la proporción más adecuada. Ten en cuenta que hay alimentos que, aunque tengan un alto aporte en sodio, son productos de los que ingerimos cantidades muy bajas como por ejemplo las salsas. El sodio es, además, una de las sustancias que debes controlar si consumes agua mineral embotellada, ya que a veces su concentración se dispara en este bien necesario. En el nuevo etiquetado, del que hablaremos a continuación, será obligatorio incluir la palabra sal cuando hablemos del contenido en sodio, con el fin de hacerlo más comprensible al consumidor.

  • Productos magros o desnatados: ¿sabías que al consumir carne magra podemos reducir en un 20% el aporte de colesterol? Y, en el caso de los derivados lácteos, prácticamente tenemos un 80% menos de grasas saturadas si nos decidimos por la versión desnatada de estos alimentos.

  • Productos eco: por moda, creencia o salud, cada vez son más las personas que deciden hacer su compra en tiendas eco, en las que nos garanticen un cultivo o cuidado natural de los productos que llegan a nuestras manos. Según la normativa europea, los productos ecológicos solo pueden ser etiquetados como tal cuando su origen sea 100% ecológico. Además, esta condición se detallará debidamente en el etiquetado.

    La pregunta que solemos hacernos es, ¿ganamos con la comida ecológica? En el caso de la carne, el pescado y sus derivados, contienen una carga hormonal mucho menor que los productos procedentes de grandes granjas de explotación. En el caso de las verduras, estaremos evitando los temidos productos transgénicos y asegurándonos de que se ha respetado el proceso de maduración natural de cada una de las piezas de fruta y verdura que llega a nuestra mesa. Estas piezas están libres de pesticidas y productos químicos, lo cual, de entrada, ya resulta más beneficioso para nuestra salud. Además, diversos estudios han demostrado que la cantidad de vitaminas y nutrientes de este tipo de alimentos de origen bio es mayor, según la CECU.

Como ves, para llevar una alimentación saludable no basta con fijarse en las calorías. Ahora que conoces todos estos datos, lo ideal para hacer una buena compra es tenerlos en cuenta y guiarse por el sentido común. Aquí te dejamos otros consejos que te ayudarán a llevar una dieta más saludable. ¿Te unes a nosotras?

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