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Mujer hoy

El machismo en el trabajo existe y este experimento te lo demuestra

Laura Sutil
por Laura Sutil Publicado en 13 de marzo de 2017
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Quienes dicen que la desigualdad laboral entre hombres y mujeres no existe, deberían prestar atención al experimento que han llevado a cabo estos dos blogueros estadounidenses. ¡No darás crédito a lo que estás leyendo!

Martin R. Schneider y Nicole Hallberg son dos blogueros estadounidenses que comenzaron trabajando juntos en una empresa de trabajo temporal. Aunque ambos trabajan ya fuera de esta empresa, cuando compartían ambiente profesional se decidieron a llevar a cabo un experimento "social" durante toda unas semanas. Consistía precisamente en demostrar cómo el machismo continúa estando muy presente en el ambiente profesional.

Para ello, Martin se hizo pasar por Nicky en sus correos y cuál fue la sorpresa del joven al comprobar que nadie tomaba realmente en serio sus ideas, que se valoraba menos su trabajo y, en definitiva, que sufría un trato muy diferente al que él había estado acostumbrado a lo largo de toda su trayectoria laboral.

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A continuación puedes ver esta cadena de tuits que da cuenta del experimento completo.

Aquí va una pequeña historia que Nicole me enseñó sobre cuánto le cuesta a las mujeres recibir el respeto laboral que merecen.

Nicole y yo trabajábamos en una pequeña empresa de contratación y nuestro jefe siempre tenía la misma queja sobre ella: es demasiado lenta.

(Este jefe era un fetichista de la eficiencia y un idiota enamorado de la economía. Pero eso ya es otra historia)

Yo como supervisor de Nicole creía que esto era un mal menor. Suponía que la causa de esto es que yo tenía más experiencia que ella.

Yo me pasaba el día controlando el tiempo y agobiándola por el comportamiento del jefe. Los dos odiábamos y ella hacía lo posible por trabajar más rápido.

Me estaba empezando a hartar de su actitud y me di cuenta de que, como compartíamos mail, le había mandado todos los mensajes firmados como Nicole.

¡MEJORA INMEDIATA! Recepción positiva de todo lo que le decía, agradeciendo mis sugerencias. Me contestaba rápido y me decía ¡gran pregunta! Era un cliente modelo

Nota: mis formas y mis sugerencias no cambiaron. Solo mi nombre en la firma.

Así que le pregunté a Nicole si esto le pasaba todo el tiempo. No todo el tiempo, me dijo ella, pero sí muchas veces.

Por eso hicimos un experimento: durante dos semanas intercambiamos nuestros nombres en la firma de los mails.

Era un infierno. Todo lo que yo sugería era cuestionado. Los clientes que normalmente eran sencillos, eran condescendientes conmigo. Uno incluso me preguntó si era soltera.

Nicole tuvo las semanas más productivas de su carrera. Entonces me di cuenta de que ella tardaba más por el tiempo que dedicaba a convencer a los clientes.

Cuando ella conseguía que los clientes se diesen cuenta de que sabía lo que estaba haciendo, yo no había llegado ni a la mitad del proceso con otro cliente.

No era mejor en mi trabajo que ella. Tenía una ventaja innegable.

Le mostré al jefe lo que habíamos hecho y no me creyó. Entonces le dije que nunca más iba a presionarla para que trabajase más rápido.

Y aquí va lo peor que para mi fue sorprendente. Ella lo entendía y estaba acostumbrada. Era parte de su trabajo.

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