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Realizar con éxito la entrevista de evaluación

por Redacción enfemenino Publicado en 9 de noviembre de 2009

Es el momento fuerte del año profesional, la entrevista de evaluación o de apreciación es cada vez más practicada en el seno de las empresas. Reúne una vez al año al jefe con el asalariado. ¿Cómo prepararla? ¿Cuáles son los errores que hay que evitar? Pequeño resumen para sacar el mejor partido de este cara a cara ineludible.

¿Por qué una entrevista de evaluación?
La entrevista de evaluación permite hacer progresar a la vez al asalariado y a la empresa. Se desarrolla bajo la forma de un balance anual. De un lado, el trabajador puede expresar sus deseos y sus dificultades. Se evocan los resultados individuales obtenidos, tanto cuantitativos como cualitativos, y se fijan los objetivos para el año siguiente. También es un medio para el asalariado para descubrir cómo se le percibe. Por otro lado, esto permite a la empresa valorarlas competencias de su personal y de emplearlos mejor.
Este concepto de origen anglosajón no tiene que percibirse como una simple formalidad, o peor, como un ajuste de cuentas. Se trata, al contrario, de un momento privilegiado de diálogo con su superior jerárquico, momento que cada es menos frecuente en la empresa.

Una preparación lo más sólida posible
Confiada o no, no hay ninguna duda de que no hay que ir con las manos en los bolsillos. Una entrevista tal se prepara, de media, con diez días de adelanto.
> Lo primero, es fundamental conocer bien tu puesto y lo que se espera de ti.
> Reúne informaciones útiles: proyectos dirigidos bien, objetivos esperados… Sostén estos elementos con hechos y cifras determinantes. Pero no te pierdas en los detalles.
> Para ello, pídele a recursos humanos la programación de actividad y de competencias correspondientes a tu puesto. Traslada tus propios resultados respecto a los objetivos fijados. A continuación puedes analizar tus éxitos o tus fracasos preguntándote cómo los has conseguido y por qué motivos.
> Mantente a la escucha de tu jefe. Anota los comentarios hechos a lo largo de eventuales entrevistas regulares. Cuanto más numerosos hayan sido estos puntos, más fácil será la preparación.
> Esboza un plan de carrera para el puesto que ocupas con el fin de fijarte objetivos profesionales.

El día D: objetividad y dominio de uno mismo
La palabra se tiene que compartir al 50/50 y así la entrevista será constructiva. Sin embargo, recuerda que es tu jefe el que lleva la voz cantante y no tú. Tener conciencia de tus competencias y necesidades, saber destacar tus éxitos, reconocer tus errores sin sentirte por ello inferior… todo es cuestión de equilibrio. No dudes, del mismo modo, en pedir consejo a tu jefe para que te guíe por el buen camino a fin de alcanzar tus objetivos más fácilmente.
> Prioriza la objetividad. Incluso aunque no sea fácil, es necesario tener perspectiva para hacer creíbles tus explicaciones y argumentos. Por otro lado, en este tipo de entrevistas, el fondo prima netamente sobre la forma – de ahí la necesidad de efectuar un trabajo de preparación consistente para ser un profesional de todos tus informes.
> Globalmente, la entrevista empieza con temas profesionales y trata hacia el final temas más personales. El riesgo, es que si todo va bien, se olvide que se está delante del jefe y no de un colega… También, evita dejarte llevar a confidencias que irían contra tus intereses profesionales, como el deseo de tener un hijo pronto, por ejemplo.

Pequeños detalles prácticos
Para estar plenamente fresca y dispuesta, es mejor evitar programar la entrevista el lunes por la mañana y el viernes por la tarde. En cuanto a la duración, 1h30 parece ideal. Más allá de este tiempo, la concentración disminuye: sería más juicioso tener una segunda entrevista.

Lo que sale de la entrevista:
Antes de nada, es un plan de acción: nuevas responsabilidades, puntos débiles que hay que trabajar… Es el momento de pedir una formación para tus eventuales lagunas o de expresar tu deseo de evolucionar en el seno de la empresa. La última etapa consiste en negociar la remuneración para el año que viene.

Se firmará un documento oficial por las dos partes y será el atestado del buen desarrollo de la entrevista. En el caso de que ésta hubiera ido mal, el departamento de recursos humanos constituye un recurso. Sin embargo, es inútil tomarse demasiado a pecho una evaluación negativa. Únicamente se trata del punto de vista del evaluador en función de ciertas prioridades que le son impuestas. La entrevista de evaluación es un ejercicio más bien apreciado por los trabajadores, porque representa un elemento de reconocimiento importante. Cuidado, no obstante, y no la confundas con la entrevista profesional, que pretende explicitar el proyecto profesional y que tiene lugar cada dos años.

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