¿De verdad merendábamos esto?" : lo comías en los 80 y hoy ningún nutricionista lo permite

¿De verdad merendábamos esto?» : lo comías en los 80 y hoy ningún nutricionista lo permite

Recuerdos dulces, mochilas gastadas y meriendas sin filtros. Lo que parecía inocente hoy divide a familias, pediatras y maestros.

En los ochenta, un bocadillo de **crema de cacao**, **paté** o **embutido** sostenía tardes de juegos. En 2026, la lupa de la **nutrición** reevalúa esa costumbre diaria y la coloca en el mapa de los **ultraprocesados** y del **azúcar** oculto.

La merienda que marcó a una generación

El bocadillo de pan de barra o de **pan de molde** con **crema de cacao** o **fiambre** era la postal de muchas casas. No faltaban los vasos de **zumo envasado** ni los bollos de vez en cuando. Aquel ritual respondía a otro ritmo de vida: más calle, más juego libre, menos pantallas y menos variedad de snacks empaquetados al alcance.

Hoy esa misma combinación diaria despierta reparos. No por nostalgia mal entendida, sino por el impacto acumulado de **azúcares libres**, **grasas saturadas** y **sal** cuando se repite cada tarde. La foto ha cambiado: menos gasto energético, más exposición a productos muy palatables y raciones más grandes.

La nostalgia no alimenta: el cuerpo de un niño actual no gasta igual, y la oferta disponible tampoco es la misma.

Qué ha cambiado en la mesa y en el recreo

La merienda ya no vive aislada. Suma con el desayuno, con los refrescos del fin de semana y con lo que se compra en el kiosco del colegio. Ahí es donde los expertos ponen el foco: en el cómputo total de **azúcar**, **sal** y calorías a lo largo del día.

  • Más sedentarismo: menos recreo activo y más tiempo de pantalla.
  • Raciones mayores: panes y envases han crecido de tamaño respecto a los 80.
  • Oferta ubicua: los **ultraprocesados** acompañan cada actividad y tentan entre comidas.
  • Bebidas azucaradas: un vaso suma rápidamente **azúcares libres** sin saciar.

Además, el mercado actual ha sofisticado los antojos: rellenos más cremosos, panes más tiernos, combinaciones dulces-saladas diseñadas para resultar irresistibles. El resultado es una ingesta superior sin que el niño lo perciba.

El caso del bocadillo de crema de cacao

La crema de cacao con avellanas forma parte del imaginario de varias generaciones. Su base suele ser **azúcar**, grasas vegetales, cacao y frutos secos. Es energética, muy palatable y difícil de racionar si se unta con alegría en **pan de molde**. Como capricho ocasional, encaja. Como rutina diaria, descompensa la balanza.

Muchas marcas han revisado recetas y ofrecen versiones con menos **grasas saturadas**, sin **aceite de palma** o con menos **azúcares añadidos**. Aun así, conviene mirar la **etiqueta nutricional**: la mejora relativa no convierte un producto en idóneo para cada tarde. La clave sigue siendo la frecuencia y la cantidad.

La OMS sugiere que menos del 10% de la energía diaria proceda de azúcares libres; mejor si se sitúa por debajo del 5%.

¿Impensable cada día? Sí. ¿Prohibido siempre? No

Convertir la merienda de los 80 en un ritual diario de 2026 no encaja con lo que sabemos hoy. Mantenerla como excepción calculada, sí. La diferencia la marca el calendario, no la nostalgia.

Producto habitual en los 80 Riesgo si se repite a diario Alternativa actual y frecuencia
Bocadillo con crema de cacao Exceso de azúcar, aporte alto de calorías Pan integral con fruta y yogur natural; la crema, 1 vez/semana en porción pequeña
Paté en pan de molde Más grasas saturadas y sal Hummus o crema de aguacate con tomate; paté, ocasional y de ración controlada
Zumo envasado Azúcares libres sin saciedad Fruta entera y agua
Bollo relleno Azúcar + grasas, baja fibra Bizcocho casero integral, 1 vez/semana; mejor con aceite de oliva y poco azúcar

Cómo adaptar la merienda sin perder sabor

El objetivo no es castigar el paladar, sino sumar saciedad, fibra y buen perfil graso.

  • Pan integral con aceite de oliva y tomate, o con queso fresco y fruta.
  • Yogur natural con plátano y nueces picadas.
  • Frutos secos (tostados, sin sal) y una pieza de fruta.
  • Hummus con palitos de zanahoria, pepino o pan integral.
  • Tortitas de avena caseras con compota de manzana sin azúcar.
  • Si toca crema de cacao, usar una cucharadita medida y un pan pequeño.

Leer la etiqueta sin perderse

La **etiqueta nutricional** es un mapa. Para orientarse, miramos:

  • Lista de ingredientes: el primero es el que más pesa. Si es **azúcar**, ojo.
  • Azúcares por 100 g: por encima de 10-12 g empieza a ser alto para un consumo frecuente.
  • Grasas saturadas: preferir cifras bajas por 100 g.
  • Sal/sodio: los productos infantiles suelen sorprender por su contenido.
  • Ración real: comparar la porción indicada con lo que el niño come de verdad.

Contexto que no se ve: actividad, horarios y hambre real

La mejor **merienda** se diseña con el día en la cabeza: deporte extraescolar, hora de la comida y sueño. Un niño que sale del entrenamiento necesita proteína y carbohidrato complejo; uno que cenará pronto puede ir ligero.

Apuntar las meriendas de una semana ayuda a detectar exceso de dulces o repeticiones. Un calendario visual con tres casillas “dulce”, “salado” y “fruta” equilibra de un vistazo.

Plan práctico para familias con prisa

  • Domingo de preparación: cortar fruta firme, cocer huevos, hacer un hummus, hornear un bizcocho integral.
  • Raciones listas: bolsas pequeñas de frutos secos y panecillos integrales congelados.
  • Regla 80/20: el 80% de meriendas con perfil saludable; el 20% para el antojo medido.

Conviene recordar que demonizar alimentos crea ansiedad. El mensaje que funciona es de **moderación**, **variedad** y **frecuencia** adecuada. La crema de cacao o el paté no desaparecen; cambian de papel. Pasan de protagonistas diarios a secundarios esporádicos, en la porción justa y sin desplazar fruta, lácteos naturales o pan integral.

Si dudas, prueba una semana con meriendas base de fruta, lácteo natural y pan integral, y reserva un día para la **crema de cacao** en ración pequeña. Observa sueño, energía y saciedad. Esa “mini simulación” doméstica suele resolver el debate mejor que cualquier discusión en la puerta del colegio.

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