Una excavación tranquila en Castilla-La Mancha se convierte en una ventana inesperada a una página olvidada de la Tierra.
Un equipo de investigación ha rescatado del subsuelo un capítulo que parecía perdido. Piezas frágiles, guardadas por el sedimento durante millones de años, reaparecen en 2026 para reescribir cómo vivían, se reproducían y se distribuían los grandes gigantes del pasado.
Qué se ha encontrado en Poyos
En el yacimiento cretácico de Poyos, en la provincia de Guadalajara, han aflorado huevos fosilizados de titanosaurios con una edad aproximada de 72 millones de años. La recuperación de las piezas, con tonos rojizos y un estado de preservación notable, se enmarca en un proyecto financiado por el Gobierno de Castilla-La Mancha para investigación científica y patrimonial. Los paleontólogos Francisco Ortega y Fernando Sanguino han dirigido la campaña de excavación que permitió extraer y consolidar los huevos completos y numerosos fragmentos de cáscara.
Cuatro huevos de titanosaurio, en el mismo nivel de sedimento y con rasgos distintos, apuntan a una convivencia de linajes.
Los titanosaurios eran herbívoros de cuello largo que, al final del Cretácico, dominaron muchas llanuras fluviales. Hallar huevos con diferencias morfológicas claras en un mismo estrato sugiere que varias especies de titanosaurios compartieron territorio de nidificación en la Península Ibérica. Ese patrón no es habitual, porque las puestas suelen atribuirse a una única especie o a un tipo de huevo dominante.
Un tesoro que ya puede verse en Cuenca
Las piezas se exhiben en el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha (MUPA), en Cuenca, con un discurso expositivo que explica cómo se formaron los nidos, qué dicen las cáscaras sobre el intercambio de gases del embrión y qué aporta Poyos a la distribución de los saurópodos ibéricos en los últimos millones de años del Cretácico. La muestra se apoya en estudios del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED, que ha analizado la microestructura y la mineralogía de las cáscaras.
La microestructura conserva esferolitos y canales porales casi intactos, una rareza que multiplica el valor científico.
Por qué este hallazgo cambia el mapa de los saurópodos ibéricos
Hasta hace poco, la presencia de titanosaurios en Europa se consideraba dispersa. La acumulación de yacimientos con nidos y huevos en el suroeste europeo, y ahora Poyos, dibuja un panorama más diverso. El registro de huevos permite detectar poblaciones incluso cuando los esqueletos son escasos. Comparar rasgos de cáscara entre regiones ayuda a identificar rutas de nidificación, posibles movimientos estacionales y zonas de nidada compartidas.
En Poyos se han documentado dos tipos de huevos bien diferenciados. Uno corresponde al ootaxón Fusioolithus baghensis, frecuente en registros cretácicos tardíos. El otro es un ootaxón descrito para la ciencia desde este yacimiento: Litosoolithus poyosi. La coexistencia de ambos en el mismo nivel estratigráfico es muy rara y convierte a Poyos en un punto clave para comparar estrategias reproductivas en Europa occidental.
Dos tipos de huevo, dos historias evolutivas
La cáscara es un archivo microscópico. Su grosor, porosidad y ornamentación reflejan cómo respiraba el embrión, qué humedad necesitaba el nido y si la puesta estaba expuesta o cubierta. En Poyos, las diferencias son tan claras que los investigadores han podido separar ambos ootaxones con análisis estadísticos de microestructuras.
| Ootaxón | Tamaño del huevo | Grosor de cáscara | Porosidad | Ornamentación |
|---|---|---|---|---|
| Fusioolithus baghensis | Mediano | Intermedio | Moderada | Más uniforme |
| Litosoolithus poyosi | Grande | Muy delgada | Baja | Dispersa |
Estas divergencias apuntan a nichos reproductivos distintos y, quizá, a temporalidades de puesta separadas en pocos metros de la misma llanura aluvial. La baja porosidad y el grosor reducido de Litosoolithus poyosi podrían indicar nidos parcialmente cubiertos y un control más fino de la humedad, diferente a lo observado en Fusioolithus baghensis.
Cómo se estudian huevos de hace 72 millones de años
El equipo ha aplicado microscopía y análisis mineralógico para identificar capas de calcita, orientación de cristales y patrones de crecimiento de los esferolitos. El resultado muestra un tejido calcítico poco alterado, señal de que el entorno sedimentario favoreció la fosilización sin recristalizaciones agresivas. Con cortes delgados, se miden diámetros de poros y densidad de canales para reconstruir la tasa de intercambio gaseoso del embrión.
- Microscopía óptica y electrónica: determina microestructuras y defectos de crecimiento.
- Análisis geoquímicos: detecta sustituciones iónicas y diagenesis leve o intensa.
- Tomografía en fragmentos seleccionados: evalúa continuidad de poros y microfracturas.
- Estadística morfométrica: separa grupos de cáscaras y refuerza diagnósticos de ootaxón.
La combinación de sedimentos finos, enterramiento rápido y escasa alteración explica una preservación excepcional en Poyos.
Lo que revela la cáscara antes de que nazca el dinosaurio
La geometría de los canales porales sugiere nidos con ventilación controlada. El grosor de la cáscara, unido a la ornamentación, ayuda a inferir el grado de cobertura con vegetación o sedimento. Cuando la porosidad es baja, una cobertura ligera evita hipoxia; cuando es mayor, los huevos toleran un enterramiento más profundo. Estos parámetros, al relacionarse con el clima local del final del Cretácico, permiten estimar la temperatura de incubación y la duración del desarrollo embrionario.
Qué cambia para ti: ciencia, patrimonio y visitas
Para el visitante, el MUPA ofrece una ocasión de ver huevos completos y fragmentos con microestructuras visibles. Para la región, el hallazgo refuerza un turismo científico que reparte actividad fuera de temporada. Para la comunidad educativa, los huevos sirven para trabajar contenidos de geología, biología y clima con piezas reales.
Si vives cerca de áreas con afloramientos, estos son pasos sencillos que marcan la diferencia ante un hallazgo casual:
- No extraigas el objeto. Fotografía el contexto con escala y anota coordenadas.
- Evita mojar o limpiar la pieza. La cáscara fosilizada es muy frágil.
- Contacta con el museo o la autoridad cultural de tu comunidad autónoma.
- Si hay restos sueltos, cúbrelos con un paño y señalízalos sin perturbar el terreno.
El expolio y la manipulación sin control destruyen datos clave: posición, orientación y sedimento son parte del fósil.
Claves para seguir el tema sin perderte
Ootaxón es la categoría que clasifica huevos por su morfología y microestructura cuando no hay embriones visibles. Así se puede estudiar la diversidad de reproductores aunque falten esqueletos. Nidada se refiere al conjunto de huevos depositados en un evento de puesta. La mezcla de ootaxones en una misma capa puede indicar solapamiento temporal de especies o diferencias de microhábitat a pocos metros.
La comparación continental avanza con catálogos homogéneos de medidas de cáscara. Poyos aporta datos medibles que se pueden contrastar con yacimientos del sur de Francia, Italia o la cuenca del Ebro. En ese terreno, el trabajo del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED y el MUPA abre una vía para probar hipótesis sobre rutas y patrones de nidificación de los saurópodos europeos justo antes de la extinción del Cretácico.
Si te interesa ir más allá, un ejercicio útil consiste en comparar dos variables de cáscara —grosor y porosidad— y proyectarlas sobre condiciones ambientales plausibles. Con esa simulación sencilla se infiere qué combinación de humedad y cobertura encaja con cada tipo de huevo. El resultado ayuda a reconstruir el paisaje: riberas con charcas estacionales, áreas de gravas más aireadas o lomas donde la vegetación cubría parcialmente los nidos.



Incroyable découverte à Poyos ! Savoir qu’il y avait plusieurs ootaxons dans la même couche (Fusioolithus baghensis et Litosoolithus poyosi) change vraiment la carte des sauropodes ibériques. Les détails sur la microstructure (esphérolites, canaux poraux) sont super interressants, surtout la faible porosité de L. poyosi et l’idée de nids partiellement couverts. Merci au MUPA et au groupe de biologie évolutive de la UNED — ça donne envie d’aller voir l’expo à Cuenca.