No sabía que un lugar así existía" : el pueblo con mar y montaña donde desconectas y comes bien

No sabía que un lugar así existía» : el pueblo con mar y montaña donde desconectas y comes bien

Entre mareas tranquilas y prados salobres, existe un rincón del Cantábrico que te devuelve tiempo, silencio y apetito.

Más allá de las postales, este enclave te coloca el océano a un lado y las cumbres al otro. Caminas entre salitre y piedra medieval, hueles a fogón de puerto y terminas el día con vistas que parecen hechas para bajar pulsaciones.

El cruce perfecto entre mar y cumbres

Hablamos de San Vicente de la Barquera, en la costa occidental de Cantabria. La villa se abre en la desembocadura de las rías de Tina Mayor y Tina Menor: al frente, el mar Cantábrico; a la espalda, el verde que trepa hacia los Picos de Europa. Su casco histórico, con el castillo del Rey guardando la altura, conserva murallas, torres y templos que explican siglos de comercio y pesca.

Mar y montaña en un paseo de diez minutos: sube al castillo, baja al puerto y capta el contraste sin filtros.

El puente que verás nada más entrar, el Puente de la Maza, es una obra histórica apoyada en arcos de medio punto. La tradición local dice que si pides un deseo y lo cruzas aguantando la respiración, se cumple. Los vecinos lo llaman también el Puente de los Deseos.

Gastronomía que se pesca, se cría y se cultiva

Aquí la mesa manda. La carta se escribe con pescados y mariscos del Cantábrico, carnes de ganadería y huerta cercana. La estrella es la marmita barquereña (también conocida como sorropotún): bonito del norte y patata en guiso pausado. Añade rabas recién hechas, almejas a la marinera, nécoras cuando hay temporada y quesos de los valles próximos.

  • Marmita barquereña: guiso de bonito con patata, pan imprescindible para mojar.
  • Rabas: crujientes y ligeras, mejor a primera hora del mediodía.
  • Marisco de lonja: navajas, almejas, nécoras; pregunta por el precio del día.
  • Carnes de pasto: chuleta y guisos con vaca cántabra.
  • Postres caseros: flan de queso y sobaos con helado artesanal.

Si en la pizarra lees “marmita del día”, no lo pienses: el caldo reposado marca la diferencia.

Qué ver sin correr

Piedra, puerto y panorámicas

El castillo del Rey ofrece una de las mejores panorámicas de la ría. La iglesia de Santa María de los Ángeles, gótica y declarada Bien de Interés Cultural, guarda retablos y sepulcros de valor. En la Puebla Vieja asoman la Torre del Preboste, el antiguo Hospital de la Concepción y el Convento de San Luis. El paseo baja al puerto pesquero, donde siguen entrando barcos con sus cajas de la madrugada.

A un radio corto, el Parque Natural de Oyambre protege marismas, dunas y praderías. Es territorio de aves, pasarelas de madera y cielos que cambian de color con la marea.

Playas para respirar y mojarse los pies

Las arenas dibujan una secuencia de bahías resguardadas y tramos abiertos al oleaje. La playa de Merón mira al norte y mueve a surfistas. La playa de Oyambre mantiene carácter natural. En la ría, El Tostadero, El Rosal o La Maza son opciones suaves cuando el viento aprieta.

Playa Plan rápido Oleaje Consejo
Merón Paseo largo y surf Medio/alto Marea media-baja para caminar sin apuros
Oyambre Duna y foto al atardecer Medio Respeta las zonas de duna; no salgas de pasarelas
El Tostadero Baño tranquilo Bajo Ideal con niños cuando hay pleamar

Cómo llegar, cuándo ir y cómo moverte

Por carretera, la A‑8 te deja a pocos minutos del centro. Desde Santander o Oviedo, hay buses regionales y tren de vía estrecha con paradas en la villa. Aparcar junto al puerto resulta cómodo fuera de agosto; en temporada alta conviene dejar el coche a la entrada y caminar.

Entre mayo y junio encontrarás días largos, verde intenso y precios contenidos. Septiembre suma agua templada y menos gente.

En invierno, los temporales regalan cielos dramáticos y mesas libres. Lleva chubasquero y plan B bajo techo: museos locales, cafés con ventanas a la ría y la visita al castillo.

Ruta sugerida de un día sin prisas

  • Mañana: paseo por la Puebla Vieja, subida al castillo del Rey y visita a Santa María de los Ángeles.
  • Mediodía: ración de rabas en el puerto y marmita barquereña en una taberna de producto.
  • Tarde: arena en Merón o pasarelas en Oyambre, con foto final desde el mirador hacia los Picos de Europa.
  • Atardecer: cruce del Puente de la Maza y paseo junto a la ría cuando baja la marea.

Fiestas, naturaleza y respeto al entorno

La villa late con tradición marinera. La procesión de La Folía, tras la primavera, llena la ría de embarcaciones engalanadas. El resto del año, el Parque Natural de Oyambre recuerda que estás en territorio protegido: camina por senderos señalizados, respeta las zonas de anidación y evita dejar residuos. El equilibrio entre turismo y vida local se nota en temporada alta; reserva con antelación y elige restaurantes que trabajen producto de proximidad.

Datos útiles para exprimir tu escapada

Presupuesto orientativo por persona en temporada media: menú del día de costa entre 16 y 22 euros, ración de rabas entre 8 y 12, café frente a la ría desde 1,80. Las mareas marcan el ritmo de las fotos y los paseos: con pleamar, la ría brilla; con bajamar, aparecen bancos de arena y aves en plena búsqueda de alimento.

Si quieres foto con cumbres despejadas, madruga: las nubes suelen entrar desde el oeste a media tarde.

Ideas para completar el viaje

Un desvío corto te lleva a Comillas y su patrimonio modernista, o a la villa medieval de Santillana del Mar. Si buscas alta montaña, el acceso a Picos de Europa por Fuente Dé ofrece una jornada distinta con teleférico y rutas señalizadas. Para familias, la ría permite observar aves con prismáticos sencillos; para surfistas, escuelas locales alquilan equipo por horas y adaptan clases al estado del mar.

Si tu objetivo es desconectar de verdad, reduce el itinerario y alarga los tiempos: dos atardeceres desde puntos distintos (rompeolas y duna de Oyambre) cambian la percepción del mismo paisaje. Y antes de irte, pregunta por la captura del día en la lonja: muchas cocinas ajustan la pizarra a lo que ha entrado esa mañana. Esa es la gracia de un lugar que cocina lo que ve desde sus ventanas.

1 thought on “No sabía que un lugar así existía» : el pueblo con mar y montaña donde desconectas y comes bien”

  1. Llevo años yendo al Cantábrico y no conocía San Vicente de la Barquera. Eso de tener el mar al frente y los Picos detrás suena bestial. ¿Algún sitio auténtico (y no caro) para probar la marmita barquereña y unas rabas bien hechas? Gracias!

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