En algunas casas suenan coplas antiguas; en otras, se regatea en mercados lejanos con un castellano detenido en el tiempo.
Ese eco lingüístico no nace de la nostalgia, sino de una historia truncada. Se llama judeoespañol, también ladino, y hoy congrega a unas 150.000 personas que lo mantienen vivo, ninguna en España. La diáspora de los sefardíes explica por qué un español medieval respira lejos de donde nació.
Un español congelado en el siglo xv
El judeoespañol es la lengua histórica de los judíos sefardíes, descendientes de quienes vivieron en la península hasta el Edicto de Granada de 1492. Tras la expulsión ordenada por los Reyes Católicos, quienes partieron se llevaron su habla cotidiana: el castellano del siglo XV. Mientras el español peninsular cambiaba sonidos, ortografías y giros, el ladino quedó como una fotografía que nadie reveló del todo.
El judeoespañol conserva estructuras y léxico del castellano del XV, con añadidos del hebreo y de las lenguas de acogida.
La distancia geográfica encendió influencias nuevas. El contacto con el turco, el griego o el italiano dejó préstamos, sobre todo en la vida diaria y el comercio. El hebreo aportó términos religiosos. Aun así, la base sigue sonando a Castilla tardomedieval, con rasgos que sorprenden al oído contemporáneo.
Palabras y giros que delatan su origen
- Favlar por hablar; komer por comer; mozotros por nosotros.
- Conservación de sonidos sibilantes arcaicos y grafías como k en lugar de c o qu.
- Léxico cotidiano con préstamos: kal (sinagoga, del hebreo), balcón con matices turcos, o avlás (barrios, del turco avlu).
Más allá de las palabras, el judeoespañol mantiene giros sintácticos antiguos y un tono narrativo reconocible en romances, refranes y coplas que aún se cantan en familias sefardíes.
Dónde resiste hoy
El mapa actual se dibuja lejos de España. Tras la expulsión, el Imperio otomano acogió a buena parte de la comunidad. Salónica, Estambul o Esmirna se convirtieron en focos de vida sefardí durante siglos. El siglo XX golpeó con dureza: la Shoá arrasó comunidades enteras, y la creación del Estado de Israel y las migraciones aceleraron la sustitución lingüística en favor del hebreo y otras lenguas nacionales.
Aun así, estimaciones comunitarias sitúan en torno a 150.000 las personas capaces de usar el ladino —con grados muy diferentes de competencia—, repartidas sobre todo entre Turquía e Israel, y con presencia en América (por ejemplo, en Argentina), Francia o los Balcanes.
| Región | Presencia actual | Rasgo destacable |
|---|---|---|
| Turquía | Comunidad activa en Estambul e Izmir | Prensa y radio en judeoespañol |
| Israel | Hablantes mayores y redes culturales | Recuperación en ámbitos familiares y musicales |
| Balcanes | Herencia dispersa en antiguos núcleos | Memoria oral y archivos |
| América | Comunidades en Argentina y otros países | Actos culturales y publicaciones |
La razón de su ausencia en España
No es casualidad que nadie lo use hoy de forma nativa en la península. En 1492, quienes decidieron permanecer debieron convertirse y adoptaron el castellano evolucionado del entorno. Quienes partieron preservaron su habla lejos, transmitiéndola por generaciones. Así, el ladino sobrevivió fuera y se difuminó dentro.
La expulsión de 1492 rompe la cadena de transmisión en España y empuja el español medieval a una diáspora que lo salva y lo aísla.
Durante siglos, esa distancia permitió que el judeoespañol se mantuviera como idioma de hogar, culto y comercio en las nuevas ciudades, mientras España avanzaba por otro carril lingüístico.
Una cultura que se niega a apagarse
El ladino no vive solo de la memoria. Existen revistas y programas de radio que emiten en judeoespañol, y desde 2018 funciona una Academia del Judeoespañol reconocida por la ASALE, que impulsa normas, recopila vocabulario y apoya proyectos editoriales. La música juega un papel clave: romanceros, cantigas y nuevas composiciones acercan el idioma a oyentes jóvenes.
El mundo digital ha abierto una puerta. Archivos sonoros, iniciativas en redes y grupos de aprendizaje han reactivado el interés. La lengua convive con la etiqueta de “en peligro”, pero suma herramientas que hace dos décadas no existían.
Así suena: equivalencias rápidas
| Forma en judeoespañol | Español actual |
|---|---|
| favlar | hablar |
| komer | comer |
| mozotros | nosotros |
Dos variantes con historias distintas
Con el tiempo se consolidaron ramas con acentos propios. El ladino oriental, extendido por los Balcanes y Anatolia, y la haquetía, cultivada en el norte de Marruecos con fuerte influencia del árabe, comparten raíz pero no idéntico repertorio. Las dos dialogan hoy con el español moderno y con las lenguas nacionales donde viven sus hablantes.
Si quieres escucharlo o aprenderlo
- Busca emisiones de radio comunitarias en Estambul o Tel Aviv; muchas ofrecen archivos sonoros.
- Acércate a actos culturales sefardíes en tu ciudad: lecturas, música y charlas suelen incluir piezas en ladino.
- Practica con canciones tradicionales: el romancero sefardí ayuda a fijar pronunciación y ritmo.
- Consulta materiales de la Academia del Judeoespañol para orientarte en ortografía y léxico.
Claves para no perderse
El judeoespañol se escribe hoy sobre todo con alfabeto latino, aunque la tradición sefardí conoce escrituras hebreas históricas (solitreo y tipos rabínicos). La pronunciación mantiene valores que el español peninsular perdió con el tiempo, lo que explica por qué algunas palabras “suena raro” a un hispanohablante actual.
Quien ya domina el español tiene ventaja: la comprensión pasiva llega rápido y se progresa con lectura y escucha. El reto pasa por adquirir léxico específico —religioso y doméstico— y aceptar grafías distintas a las habituales.
¿Qué viene ahora?
La continuidad dependerá de tres frentes: transmisión familiar, enseñanza reglada en comunidades y presencia pública en medios. Proyectos locales funcionan cuando conectan idioma con identidad y vida cotidiana. Donde hay conciertos, clubes de lectura o radios, el ladino circula y gana oyentes.
Para los lectores curiosos, una actividad sencilla consiste en comparar un romance en judeoespañol con su versión en español moderno. Anota diferencias de sonido, orden de palabras y vocabulario. Esa pequeña “auditoría” revela cómo una lengua cambia cuando la historia la separa de su lugar de origen y, al mismo tiempo, cómo una comunidad la protege durante siglos.



150 000 personnes et aucune en Espagne ? D’où vient ce chifre exactement, une étude récente ?