Parece inofensiva y su canto nocturno hasta resulta curioso, pero su avance silencioso ya altera rutinas y equilibrios en las islas.
En las Islas Canarias crece la inquietud por un reptil importado que se multiplica, coloniza paredes y compite por comida y refugio. La pregunta no es si está aquí, sino cómo limitar su impacto antes de que el daño sea mayor.
Qué está pasando en las Islas Canarias
El archipiélago presume de un tesoro único: cerca de 17.200 especies marinas y terrestres registradas, con unas 3.600 endémicas. Ese patrimonio, fruto de siglos de aislamiento, no resiste bien la llegada de especies invasoras. Cuando un organismo foráneo encuentra alimento, espacios de cría y pocos depredadores naturales, el equilibrio salta por los aires.
Una invasión ecológica no solo añade un nuevo vecino: desplaza a los de siempre, altera cadenas tróficas y encarece la conservación.
En ese contexto, el Gekko gecko, también llamado geco tokay o perenquén tokay, ha encendido las alarmas. Su presencia se ha disparado en puntos urbanos y periurbanos, un entorno donde rinde bien: paredes cálidas, luces que atraen insectos y resquicios suficientes para ocultarse.
Quién es el intruso: perfil del geco tokay
Este gecónido procede del sudeste asiático, con distribución natural desde el noreste de India y el sur de China hasta los archipiélagos indo-australianos. Fuera de su área nativa ya se ha asentado en Florida, Hawái (Oahu) o Martinica. Su plasticidad ecológica facilita la colonización: tolera bosques húmedos, bordes agrícolas y zonas urbanas.
Es grande para ser un geco: alcanza más de 35 centímetros y unos 300 gramos. Presenta cuerpo cilíndrico, cabeza robusta y ojos anaranjados con pupila vertical. El patrón moteado —manchas naranjas o rojizas sobre fondo gris azulado— lo delata incluso a distancia.
| Rasgo | Dato clave |
|---|---|
| Tamaño y peso | Hasta 35 cm y ~300 g |
| Hábitos | Nocturno, solitario, territorial |
| Hábitat | Selvas bajas y áreas urbanas alteradas |
| Señal acústica | Vocalización repetitiva “to-kay” audible a gran distancia |
| Longevidad | Hasta 10 años en cautividad |
Dieta y comportamiento
El tokay es un depredador oportunista. Consume principalmente invertebrados como polillas, grillos, cucarachas, termitas, mosquitos o arañas. Si se presenta la ocasión, captura también pequeños vertebrados: lagartijas, micromamíferos e incluso culebras de tamaño reducido. Esta versatilidad lo hace competitivo frente a especies locales menos generalistas.
Reproducción y expansión
La época de reproducción coincide con los periodos más húmedos y puede durar medio año, empezando por lo general entre octubre y noviembre. Los machos emiten llamadas persistentes para atraer a las hembras y copulan con frecuencia durante la temporada. Cada hembra deposita 1–2 huevos aproximadamente cada treinta días, fijados a superficies duras, a menudo verticales, donde quedan protegidos.
Los huevos, de 16–20 milímetros, eclosionan en unos 64 días. Ambos progenitores custodian la puesta, lo que incrementa la supervivencia de las crías, que nacen con unos 40 milímetros. Con varios ciclos de puesta por temporada y ausencia de control natural, el crecimiento poblacional se acelera.
Un par reproductor estable y seis meses de puestas bastan para fijar una colonia en una fachada bien iluminada.
Qué riesgos plantea para la biodiversidad
La amenaza se multiplica por tres: depredación de invertebrados y reptiles endémicos, competencia por refugios con los perenquenes locales y alteración de dinámicas urbanas al concentrarse alrededor de luces y jardines. El tokay no necesita bosque prístino; le bastan cornisas, grietas y un vecindario plagado de insectos. Ese detalle lo vuelve especialmente problemático en áreas humanas, desde donde puede saltar a espacios naturales cercanos.
El impacto ecológico termina teniendo coste social y económico: más esfuerzo de control, daños a la biodiversidad que atrae turismo de naturaleza y pérdida de servicios ecosistémicos asociados al equilibrio de ecosistemas insulares.
Qué hace la administración
El Real Decreto 216/2019 refuerza las barreras frente a especies exóticas invasoras en Canarias. La norma veta su introducción —incluso en tránsito—, su mantenimiento, cría, transporte con origen o destino en islas, comercialización, cesión y liberación en el medio. También obliga a prevenir propagaciones accidentales, incluidas las derivadas de negligencias graves.
La ley exige activar medidas de gestión eficaces en un plazo máximo de 18 meses para especies ya extendidas, priorizando la reducción del daño ambiental y ajustando los costes a los beneficios.
Ese paquete de gestión suele combinar vigilancia, detección temprana, captura dirigida, retirada coordinada y campañas de sensibilización. El objetivo no es solo reducir números, sino cortar vías de entrada y de expansión.
Cómo distinguirla de los perenquenes locales
No hace falta acercarse. La talla y el color son pistas claras. El tokay es voluminoso, con manchas naranjas sobre fondo gris azulado y ojos anaranjados. Los perenquenes autóctonos, más pequeños, presentan tonos pardos y moteados, sin puntos anaranjados vivos ni el contraste azulado característico.
Si ves en la pared un geco grande, de manchas naranjas bien definidas y voz potente repetitiva, no es un visitante cualquiera.
Qué puedes hacer tú
- No adquieras ni mantengas fauna exótica catalogada; la tenencia está restringida y alimenta escapes.
- Si detectas un ejemplar, realiza una foto desde distancia y comunica la localización a los servicios ambientales. No intentes capturarlo.
- Revisa equipajes, cajas y materiales de obra; pueden viajar como polizones en transportes y mudanzas.
- Reduce el atractivo de tu vivienda: menos insectos con mallas y buena gestión de residuos, y sella grietas.
- Evita trampas adhesivas y métodos caseros que dañan fauna no objetivo; deja la gestión a personal especializado.
Claves para un control efectivo
Actuar temprano cuesta menos y funciona mejor. En edificios con focos intensos, la instalación de iluminación menos atractiva para insectos reduce el alimento disponible. La coordinación vecinal permite planificar cierres de huecos, higienizar patios y registrar avistamientos con fechas y horarios. Esas series de datos facilitan a los equipos técnicos priorizar intervenciones.
Información adicional útil
La vocalización del tokay —un “to-kay” rítmico— suele intensificarse al anochecer. Identificar horas de mayor actividad ayuda a equipos de campo a programar capturas selectivas. El mantenimiento de patios y trasteros sin escombros ni cajas apiladas limita refugios. En zonas con jardines, reducir charcas y puntos de agua al aire libre disminuye la abundancia de presas.
Para comunidades de propietarios, reservar un pequeño fondo anual destinado a prevención sale más barato que financiar campañas reactivas. Un diagnóstico básico del edificio, con plano de grietas y pasos de instalaciones, permite cerrar accesos en días. Y si gestionas un comercio con recepción de mercancías, un protocolo de inspección rápida al descargar reduce la probabilidad de introducir ejemplares sin darte cuenta.



Anoche también lo oí: ese “to-kay” repetitivo pegado a la pared. No dormí nada :/ ¿Sirve grabar el sonido o solo la foto para reportarlo? Vivo en Telde y parece que cada semana hay otro…