Hubo un tiempo en que llenar la olla exigía riesgo, silencio y trayectos nocturnos por caminos con controles. Muchos aún recuerdan los susurros.
En la posguerra española, la economía cerrada y la escasez forzaron a miles a buscar salidas al margen del tablero oficial. De ese cruce entre necesidad y prohibición nació un “oficio” perseguido que sostuvo a barrios enteros y a comarcas completas: el **estraperlo**. Hoy, en 2026, esa práctica ya no tiene sitio en España, pero su huella sigue viva en la memoria familiar.
Qué fue el estraperlo y por qué se extendió
La palabra **estraperlo** apareció en la **II República**, tras el escándalo de la ruleta eléctrica Stra-Perlo que vinculó negocios privados y **corrupción** política. El término saltó de los casinos a la calle durante la posguerra, cuando la **autarquía** del régimen y el **racionamiento** estrecharon los márgenes de la supervivencia.
Las **cartillas de racionamiento** fijaban cantidades y precios y permanecieron en vigor hasta 1952. La realidad superó los sellos: la escasez desbordó los cupos y abrió un **mercado negro** que se volvió cotidiano para quien necesitaba comer.
Las cartillas de racionamiento rigieron hasta 1952. Donde no llegaba el cupo, llegó el estraperlo.
Cómo funcionaba a pie de calle
El circuito clandestino no seguía una única ruta. Variaba según el producto, el territorio y el riesgo. Se mezclaban compras discretas, **trueque**, viajes cortos con carga oculta y avisos boca a boca.
- Productos más buscados: **pan**, **aceite**, **azúcar**, **arroz** y **tabaco**.
- Prácticas habituales: intercambio de alimentos por **ropa**, **jabón** o **calzado**; cambios de ruta para evitar controles.
- Logística clave: el **ferrocarril** como eje de intercambios organizados antes de llegar a estaciones.
- Precios: el de tasa servía de referencia, pero el clandestino se disparaba. Un kilo de **azúcar** podía costar hasta diez veces más.
Un kilo de azúcar oficial valía menos de dos pesetas; en el mercado clandestino podía multiplicarse por diez.
Las dos caras del negocio clandestino
Supervivencia para muchos hogares
El llamado **pequeño estraperlo** lo practicaban personas sin red de apoyo. Madres, abuelos y adolescentes traían una botella de aceite, algo de harina o unas onzas de chocolate. Lo hacían por **supervivencia** y asumían registros, multas y humillaciones públicas.
Enriquecimiento para quienes controlaban la llave
El **gran estraperlo** movía volúmenes y contactos. Comerciantes bien conectados e intermediarios con acceso a almacenes, cupos y permisos obtenían márgenes altos. La **corrupción** lubricó ese engranaje y benefició a cargos cercanos al poder.
| Dimensión | Objetivo | Quiénes | Riesgo real |
|---|---|---|---|
| Pequeño estraperlo | Comer y cubrir lo básico | Familias sin recursos, mujeres, menores | Alto: controles, sanciones, cárcel |
| Gran estraperlo | Acumular capital | Intermediarios, comerciantes, autoridades afines | Bajo: protección y trato de favor |
La represión se cebó con el pequeño estraperlo. Las grandes redes solían esquivar las sanciones más duras.
Control social, nuevos ricos y una huella que no se borra
El auge del **estraperlo** parió una caricatura de éxito: los conductores de los coches “**Haiga**”, símbolo de **ostentación** y de burla popular. Al otro lado, los comedores de barrio, las colas, los apagones y la picaresca cotidiana.
El peso de la miseria cayó sobre los hombros de las **mujeres**. Muchas, viudas o con maridos presos, sostuvieron el hogar con pequeñas compras e intercambios. Otras acabaron en la **prostitución**, tolerada oficialmente hasta 1956, como último recurso para pagar el alquiler o conseguir carbón.
El **control moral** acompañó al control económico. Patronatos y autoridades vigilaban plazas, estaciones y bares. Aun así, el mercado clandestino resistió gracias a **redes informales** y a la connivencia de ciertos cargos.
Por qué hoy ya nadie lo practica en España
El fin del **racionamiento** en 1952, la apertura gradual del comercio y el abastecimiento estable cortaron la base que alimentaba el estraperlo. Con supermercados abastecidos, cadenas de frío y controles sanitarios, ese circuito dejó de tener sentido para la mayoría. Persisten economías informales o contrabandos puntuales en fronteras, pero no existe el **estraperlo** tal y como lo conocieron tus abuelos: un mercado paralelo ligado a cartillas, cupos y hambre.
Además, la vigilancia fiscal, la competencia entre distribuidores y la transparencia en los **precios** reducen los incentivos para replicar aquel modelo clandestino. Las tensiones actuales, desde la inflación hasta los cuellos logísticos, generan otras respuestas, pero no el mismo fenómeno.
Tres lecciones que aún te afectan
- Cuando la oferta oficial falla, la **necesidad** crea atajos. Prevenir desabastecimientos evita mercados paralelos.
- La **corrupción** distorsiona precios y castiga a quien menos tiene. Transparencia y control independiente la desactivan.
- Las mujeres sostienen la **resiliencia** cotidiana. Políticas con enfoque de género reducen daños en crisis.
Claves para entenderlo mejor
Origen del término: la ruleta **Stra-Perlo** dio nombre a lo ilícito y se convirtió en sinónimo de **tráfico clandestino**. Ese bautismo recuerda cómo una trama de élites puede contaminar la vida diaria de la gente común.
Cómo se movían los productos: el **ferrocarril** y las carreteras secundarias articularon itinerarios discretos. Los intercambios se pactaban antes de llegar a la estación. Los viajeros cambiaban de vagón o de salida para burlar controles, y los pueblos próximos a las capitales se convirtieron en nodos silenciosos.
Sin cupos suficientes, cada trayecto se volvió un cálculo: riesgo, ganancia, multas, hambre y la cena de esa noche.
Una mirada útil para 2026
El caso del **estraperlo** ayuda a leer las crisis actuales: desde interrupciones de suministro hasta subidas de precios. Sirve para anticipar dónde pueden aparecer sobreprecios, qué redes informales ganan fuerza y qué decisiones públicas frenan o aceleran esos mecanismos. Un indicador práctico: cuando el **precio oficial** se separa mucho del coste real, los incentivos para desviar mercancía crecen de inmediato.
Si hoy comparas tu gasto en la cesta con el de hace un año, piensa en señales tempranas: faltas intermitentes en estantes, límites de venta por cliente y rumores sobre retrasos logísticos. Esos indicios, combinados, explican por qué en la posguerra floreció el **mercado negro** y por qué ahora, con abastecimiento diversificado, ese “oficio” ya no encuentra terreno para volver.



Article fascinant. On oublie vite qu’aujourdhui manger du sucre ne coûte que du temps, alors qu’alors ça coûtait du risque. Dans ma famille (région de León), on racontait les cartillas et les trajets en train, exactement comme vous décrivez. Le parallèle avec l’inflation actuelle est pertinent, mais il manque peut‑être un mot sur les différences rurales/urbaines et sur comment la fiscalité locale a rééllement bridé (ou non) le petit estraperlo.