Cada uno de nosotros viene de ahí" : una molécula en la Vía Láctea reabre el origen de la vida

Cada uno de nosotros viene de ahí» : una molécula en la Vía Láctea reabre el origen de la vida

Basta una señal tenue para cambiar nuestras certezas: un rastro químico, escondido en una nube lejana, altera viejas suposiciones.

Una colaboración internacional ha identificado en el espacio una molécula orgánica con azufre que empuja el relato sobre cómo arrancó la vida en la Tierra. No es una simple rareza cósmica. Es una pieza química que faltaba y que ahora conecta polvo interestelar, meteoritos y química prebiótica.

Qué se ha encontrado y por qué importa

El equipo detectó en una nube cercana al centro de la galaxia la molécula 2,5-ciclohexadieno-1-tiona, compuesta por carbono, hidrógeno y azufre. Suma 13 átomos y se convierte en la molécula orgánica con azufre más compleja registrada fuera de la Tierra hasta la fecha. El dato no es menor: hasta ahora, las especies sulfuradas identificadas en el medio interestelar solían tener apenas tres, cuatro o cinco átomos.

Hallazgo clave: una molécula sulfurada de 13 átomos, rara en el espacio, encaja con lo observado en meteoritos.

¿Por qué nos concierne? Porque el azufre actúa como un comodín químico. Forma tioles y tioésteres, facilita transferencias de electrones y crea rutas reactivas que el carbono por sí solo no ofrece. En escenarios prebióticos, esos compuestos ayudan a ensamblar bloques orgánicos más grandes. Si tales moléculas ya circulaban en el espacio y llegaron incorporadas a cuerpos rocosos, el guion de la Tierra primitiva gana coherencia.

Una pieza que faltaba en la cadena del azufre

Los análisis de meteoritos ricos en compuestos de azufre habían planteado un enigma: ¿de dónde salían estructuras tan complejas? Este registro en el medio interestelar sugiere que parte de esa complejidad no nació aquí, sino que viajó mucho antes en el material del que se formaron planetas y cometas.

Dónde estaba escondida

La molécula apareció en la nube molecular G+0.693–0.027, a unos 27.000 años luz, en las cercanías del centro de la Vía Láctea. En estas nubes frías y densas, el gas se mezcla con granos de polvo y hielos. Allí, reacciones impulsadas por radiación, choques y superficies sólidas tejen nuevas especies químicas.

Localización: G+0.693–0.027, un “vivero” químico donde el material del futuro planetario se cuece a fuego lento.

Lo relevante de este entorno es que parte de su inventario químico termina atrapado en discos protoplanetarios. Con el tiempo, esos ingredientes pasan a rocas, cometas y, si hay suerte, a superficies donde el agua líquida y el calor hacen el resto.

Cómo se confirmó

Para distinguir una molécula concreta entre miles de líneas de radio, no basta con apuntar un telescopio. El equipo primero produjo la sustancia en el laboratorio y midió su huella espectral, el patrón de frecuencias que emite y absorbe. Después, buscó esa firma en datos astronómicos acumulados durante años.

Del laboratorio al cielo

  • Síntesis en laboratorio a partir de tiofenol, un compuesto líquido con azufre, carbono e hidrógeno.
  • Medición precisa de su huella espectral de rotación, única para cada molécula.
  • Cruce de esa huella con observaciones de los radiotelescopios IRAM-30m y Yebes.
  • Coincidencias robustas en múltiples transiciones, con ratios de intensidad que encajan con modelos físicos de la nube.

Método doble: primero se fabrica la molécula, después se confirma su firma en los datos celestes.

Esta estrategia evita confusiones frecuentes en regiones del centro galáctico, donde el bosque de líneas espectrales puede solapar señales distintas y generar falsos positivos si no se dispone de patrones de referencia medidos en laboratorio.

Por qué el azufre cambia las reglas

El papel del azufre en la química prebiótica se ha reforzado con estudios que apuntan a su capacidad para habilitar rutas energéticas y de catálisis. La presencia de un anillo orgánico sulfurado estable sugiere que el espacio no solo fabrica fragmentos simples, sino también andamiajes capaces de soportar transformaciones más elaboradas.

Claves químicas que conviene tener en mente

  • Redox versátil: los compuestos sulfurados facilitan transferencias de electrones, esenciales para cadenas energéticas primitivas.
  • Tioésteres reactivos: almacenan energía y promueven acoplamientos entre pequeñas moléculas orgánicas.
  • Superficies de polvo: granos helados funcionan como “catalizadores” donde el azufre modula la reactividad.
  • Estabilidad relativa: ciertos anillos con azufre resisten fotólisis y choques, lo que favorece su acumulación medible.

Qué significa para ti, aquí y ahora

Si te preguntas qué cambia en tu vida, la respuesta es menos abstracta de lo que parece. Confirmar que moléculas orgánicas complejas se forman y sobreviven en entornos extremos refuerza la idea de que los ingredientes de la vida circulan a gran escala. En un futuro no tan lejano, misiones que analicen hielos de cometas o traigan muestras de asteroides podrían encontrar “primos químicos” de esta especie. Y eso ayudará a calibrar cómo de frecuentes son los entornos compatibles con química prebiótica en la galaxia.

Radiografía del hallazgo, de un vistazo

Qué Detección de 2,5-ciclohexadieno-1-tiona (13 átomos), la mayor molécula orgánica con azufre vista fuera de la Tierra
Dónde Nube G+0.693–0.027, a 27.000 años luz, cerca del centro de la Vía Láctea
Cómo Huella espectral medida en laboratorio y validada con IRAM-30m y Yebes
Por qué importa Aporta un eslabón en la química del azufre que conecta el espacio, los meteoritos y la vida temprana

Qué viene ahora para la búsqueda de vida

El rastro abierto no termina aquí. Hay líneas claras de trabajo: buscar especies emparentadas, estimar abundancias y trazar mapas de dónde se forman. Con antenas más sensibles y anchos de banda mayores, será factible diferenciar moléculas parecidas y aislar mejor su señal.

Próximo paso: extender la búsqueda a más nubes ricas en azufre y combinar radioastronomía con análisis de muestras de meteoritos.

También gana peso la comparación con granos de polvo recuperados por misiones de retorno de muestras. Si aparecen motivos químicos equivalentes en el laboratorio terrestre y en regiones frías del espacio, la cadena de evidencias cerrará mejor.

Puntos ciegos y cómo evitarlos

La química del centro galáctico es densa y ruidosa. El riesgo de confusión de líneas existe. De ahí la importancia de replicar la huella espectral en diferentes condiciones de laboratorio y confirmar transiciones múltiples con instrumentos distintos. Otro reto: estimar cuánto de esta molécula va sobre polvo y cuánto flota en el gas; esa partición cambia la interpretación de abundancias y rutas de formación.

Más allá del titular: por qué la historia te incluye

El azufre está en tus proteínas, en tu pelo y en procesos celulares discretos que sostienen tu energía. Rastrearlo a 27.000 años luz no es una extravagancia: es seguir la genealogía de átomos que, mucho antes de que existieran océanos, ya habían practicado reacciones que hoy reconocemos en la bioquímica. Cada nuevo compuesto complejo identificado lejos de la Tierra amplía las opciones de que mundos distantes cuenten con el mismo punto de partida.

Para quien quiera ir más allá, una simulación sencilla en química computacional permite evaluar la estabilidad de 2,5-ciclohexadieno-1-tiona bajo diferentes campos de radiación y temperaturas propias de nubes densas. Como actividad complementaria, comparar su reactividad frente a análogos sin azufre ayuda a visualizar dónde aporta ventaja: enlaces más móviles, rutas de síntesis alternativas y una mayor plasticidad frente a cambios energéticos. Ese diferencial, repetido millones de veces, es justo lo que hace que una señal tenue en una antena de radio merezca toda nuestra atención.

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