Cada vez que compro pescado, me engañan" : el truco de Luis para que no te la cuelen en 2026

Cada vez que compro pescado, me engañan» : el truco de Luis para que no te la cuelen en 2026

En el mostrador todo parece brillar, pero no todo brilla igual. Un gesto sencillo separa el acierto del fiasco.

Las colas frente a la pescadería se mueven deprisa y la duda llega cuando toca elegir. Entre hielo y etiquetas, la calidad real no siempre salta a la vista. La voz de un profesional, Luis Costa Pujol, irrumpe con un método claro y directo para que el cliente gane seguridad: fijarse en la textura y confirmar con un puñado de señales que cualquiera puede comprobar en segundos.

La pista que no falla: la textura manda

Para Luis, la primera comprobación es táctil. Presiona la pieza con el dedo. Si la carne es firme y recupera su forma, hay frescura. Si la huella queda marcada o la superficie se siente flácida, mejor descartar. Un filete que cede con demasiada facilidad ya ha perdido estructura y humedad.

El brillo también cuenta. La superficie del lomo debe lucir ligeramente satinada, nunca opaca ni reseca. En el corte, la carne rosada —o perlada, según la especie— delata un tejido hidratado y bien conservado. Tonos grisáceos o blanquecinos anticipan oxidación y tiempo en cámara.

La combinación que suma puntos: carne firme, brillo superficial y corte rosado. Si fallan dos, no compres.

Ojos, agallas y piel: señales que hablan

  • Ojos: deben verse claros y salientes, con córnea transparente. Un ojo hundido o lechoso indica días de mostrador.
  • Agallas: busca rojo intenso y humedad natural. Si están pardas o secas, la pieza ha perdido frescura.
  • Piel: uniforme, bien adherida al músculo y con escamas firmes. Desprendimientos o zonas mate anticipan deterioro.
  • Olor: recuerda al mar limpio. Notas dulzonas o a amoníaco son una señal de alarma inmediata.

La escena del mostrador también delata

La conservación correcta se ve. El pescado debe reposar sobre hielo abundante, con drenaje y sin charcos. Evita productos apilados en exceso o piezas expuestas a corrientes de aire caliente. Pregunta sin pudor por la fecha de llegada y el origen del lote. Un profesional transparente contesta sin rodeos.

Si el hielo está limpio, hay rotación. Si ves charcos y olor fuerte, hay prisa por vender.

De la lonja al móvil: quién es Luis Costa Pujol

Detrás de los consejos está la experiencia. Luis representa a la cuarta generación de Costa Pujol Peixaters, un negocio de Sant Cugat con más de un siglo de oficio. La casa mezcla compra diaria, trato de barrio y la pedagogía que ahora comparte en redes. En sus vídeos, reduce la elección a reglas fáciles de recordar y aplicables en cualquier mercado.

Tradición, criterio y una regla simple: mira, toca, huele. Si dudas en dos de tres, pide otra pieza.

Lo que te aporta el pescado fresco y cómo elegir con cabeza

Más allá del mostrador, hay motivos para insistir en calidad. El pescado aporta proteínas de alto valor biológico y nutrientes clave. La recomendación habitual en España apunta a tres raciones a la semana, con presencia de pescado azul en el reparto.

  • Yodo: favorece tiroides y sistema nervioso. Presente en bacalao y mariscos.
  • Selenio: antioxidante celular. Abunda en atún y sepia.
  • Hierro y cobre: apoyan la inmunidad y el transporte de oxígeno.

¿Y los contaminantes? La clave está en la especie y el tamaño. Evita grandes depredadores (como pez espada o atún rojo) en mujeres embarazadas y niños pequeños. Para todos los públicos, alternar especies y tamaños reduce riesgos sin perder valor nutricional.

Alternativas igual de válidas para tu bolsillo

Si el precio aprieta, el pescado congelado y el en conserva sostienen gran parte de sus beneficios. La ultracongelación detiene el deterioro y la conserva en aceite o al natural rinde en platos fríos, guisos o tostas. Revisa la etiqueta: origen, zona FAO y porcentaje de pescado frente a salsas o aditivos.

Indicador Qué buscar Señal de alerta
Textura Carne elástica y compacta Huella que no recupera o filete flácido
Ojos Claridad y volumen Opacidad y ojo hundido
Agallas Rojo vivo y húmedo Pardo, seco o con moco espeso
Piel Brillo y escama adherida Mate, descamaciones o manchas
Olor A mar limpio A amoníaco o dulzón intenso

Cómo pagar menos sin renunciar a calidad

  • Compra de temporada: la oferta local abarata y mejora la relación calidad-precio.
  • Pieza entera: rinde más que el filete. Pide que te reserven cabeza y espinas para caldo.
  • Última hora: algunos puestos ajustan precios al cierre para rotar género.
  • Cortes alternativos: morrillos, colas o ventrescas pueden salir mejor de precio y resultan jugosos.
  • Planifica y congela: porciona al llegar a casa, etiqueta y congela para evitar desperdicio.

La frescura empieza cuando eliges, pero se mantiene en casa: frío constante, envase cerrado y consumo rápido.

Guía rápida para tu cocina

  • Conservación: guarda el pescado en la parte más fría del frigorífico y consúmelo en 24–36 horas.
  • Higiene: usa tablas y cuchillos limpios. Evita la contaminación con otros alimentos.
  • Crudos y semicurados: si vas a tomar boquerones en vinagre, sushi o ceviche casero, congela previamente las piezas aptas según el etiquetado para reducir el riesgo por anisakis.
  • Descongelación: siempre en nevera. Nunca a temperatura ambiente.

Lo que pide el consumidor informado en 2026

Transparencia y trazabilidad. Pregunta por la fecha de recepción, el método de captura o cría y el origen. Compara precios por kilo, no por ración, y valora la estacionalidad. Si combinas estas preguntas con la regla de la textura y las señales visuales, reduces al mínimo el margen de error.

Una idea práctica: anota en el móvil las especies que te funcionan y su precio habitual. Con dos o tres compras tendrás tu propio baremo. Añade observaciones como “ojo claro”, “agalla roja” o “carne firme”. Esa bitácora personal vale más que cualquier eslogan del mostrador.

Tu mejor seguro es una comprobación de 10 segundos: textura, brillo y olor. Si pasan la prueba, adelante.

Si te interesa ir un paso más allá, prueba a cocinar la misma especie en versiones fresca, congelada y en conserva. Anota diferencias de sabor, jugosidad y precio real por ración. Ese pequeño “test” casero aclara qué formato encaja con tu cocina y tu presupuesto sin perder calidad nutricional.

Otra vía útil es pedir al pescadero un corte adaptado: lomos para plancha, rodajas gruesas para guiso o filetes finos para empanar. Ajustar el corte al método de cocción mejora el resultado y evita sobrecocciones, el enemigo número uno de la textura incluso cuando el producto es excelente.

1 thought on “Cada vez que compro pescado, me engañan» : el truco de Luis para que no te la cuelen en 2026”

  1. ¡Por fin alguien lo explica clarito! La regla de textura + brillo + olor me salvó hoy en la pescadería. Gracias, Luis.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *