Una costumbre cotidiana que parece moderna tiene raíces ásperas. Tu baño actual es el cierre de una historia larga y poco cómoda.
El **papel higiénico** domina nuestros baños, pero su reinado es reciente. La arqueología y los textos antiguos revelan soluciones ingeniosas, a veces dolorosas, que miles de personas usaron antes de que existiera un rollo suave en la repisa.
Antes del papel: pistas arqueológicas
Rara vez se conservan los materiales que sirvieron para la **higiene** íntima. Eran orgánicos y se degradaban. Aun así, investigadores han localizado evidencias claras. Textos, pinturas y objetos con residuos aportan un mapa creíble de prácticas muy diversas según la región y la época.
La medievalista Susan Morrison ha señalado cómo lo efímero del material complica el estudio. En paralelo, estudios publicados en Journal of Archaeological Science: Reports describen herramientas halladas en contextos sanitarios, con restos que confirman su uso.
Hace 2.000 años, en **China** se empleaban palitos de madera o **bambú** envueltos en tela. Eran utensilios reutilizables que se lavaban después.
Asia: del bambú al chuugi
El **papel higiénico** como producto nace en la **China** del siglo XIV y, al principio, para la familia imperial. Se fabricaban grandes hojas de papel blando apropiadas para ese uso. El salto comercial a Occidente llegó más tarde: en 1857 se vendió por primera vez en **Estados Unidos**.
Mucho antes, los chinos resolvían la limpieza con palos de **bambú** o madera recubiertos de paños. En el **Japón** del siglo VIII circulaba un objeto similar, el chuugi, que cumplía la misma función. Eran soluciones prácticas en contextos donde el agua no siempre estaba al alcance o no se consideraba suficiente por sí sola.
Mediterráneo clásico: el dilema del tersorium
En el área grecorromana aparece el tersorium: una esponja montada en un palo, disponible en letrinas públicas. Se enjuagaba en corrientes de agua o en cubos con salmuera. Aquí surge el debate: ¿se usaba sobre el cuerpo o solo para limpiar la instalación? Hay textos que lo apuntan como herramienta sanitaria compartida, lo que hoy levantaría más de una ceja.
Otra pista mediterránea son los pessoi, pequeñas piezas de cerámica, ovaladas o circulares, halladas con restos fecales. Los griegos también manejaron los ostraka, fragmentos con nombres de enemigos grabados, usados con el mismo fin. El precio de esa “solidez” era alto: superficies duras y bordes que podían irritar la **piel**.
Los **pessoi** funcionaban, pero su dureza favorecía microcortes. Más fricción, más riesgo de irritación e infección.
La economía del baño: lo que usaba la gente común
Lejos de palacios, la mayoría dependía de lo que tenía a mano. Se combinaban agua y materiales locales: **hojas**, **hierba**, **musgo**, **paja**, **pieles de animales** y **telas** viejas. La elección cambiaba con la estación, el clima y el acceso a agua limpia.
- Clima y entorno: bosques, zonas húmedas o regiones áridas marcaban el recurso disponible.
- Acceso al agua: donde había canales o pozos cercanos, el lavado con **agua** era frecuente.
- Clase social: la **tela** reutilizable distinguía a quien podía permitírsela.
- Salud de la **piel**: materiales suaves reducían rozaduras; los abrasivos las multiplicaban.
- Uso compartido: aumentaba la comodidad, pero también los riesgos sanitarios.
| Región/época | Recurso | Uso habitual | Riesgos |
|---|---|---|---|
| China, hace 2.000 años | Palitos de madera o bambú con tela | Reutilizable, con lavado posterior | Contaminación si no se higienizaba bien |
| Japón, siglo VIII | Chuugi (palo con elemento limpiador) | Similar al modelo chino | Abrasión si la tela era áspera |
| Grecia y Roma | Tersorium (esponja en palo) | Uso en letrinas públicas; lavado en salmuera o agua corriente | Uso compartido, patógenos |
| Grecia clásica | Pessoi y ostraka (cerámica) | Elementos duros, baratos y disponibles | Irritación, microcortes |
| Entornos rurales | Hojas, musgo, paja, pieles, telas | Soluciones locales y estacionales | Alergias, higiene irregular |
Lo que nos dice en 2026: salud, sostenibilidad y hábitos
El papel que usas habla de tus prioridades. Comodidad, **sostenibilidad**, salud de la **piel** y presupuesto chocan en el mismo gesto. La historia deja tres lecciones claras.
La limpieza con **agua** es efectiva, barata y reduce fricción. El material abrasivo irrita. Compartir herramientas eleva riesgos.
Hoy el **bidé** o las duchas de mano compiten con el rollo. Las toallitas húmedas prometen confort, pero plantean retos: muchas no son biodegradables y colapsan redes de saneamiento. El **papel reciclado** avanza, aunque no todos aceptan su textura. El equilibrio puede combinar agua y una pequeña cantidad de papel, secando al final con suavidad.
Pequeñas decisiones con gran efecto
- Si tienes **bidé**, prioriza el agua tibia y seca con una toalla dedicada.
- Usa **papel higiénico** sin perfumes ni colorantes si tu **piel** es sensible.
- Elige **papel reciclado** certificado y evita tirar toallitas al inodoro.
- Para hogares con niños, evita materiales abrasivos; reduce la fricción con agua y jabón suave.
- En viajes, lleva pañuelos de **tela** reutilizable o papel reciclado para minimizar residuos.
Contexto que faltaba: cómo llegamos al rollo moderno
El salto industrial no solo trajo comodidad. También impuso una cadena logística de celulosa, energía y química. Por eso algunas ciudades promueven soluciones mixtas: **papel** más agua y educación sobre lo que se puede tirar al inodoro. Esa combinación reduce atascos y mejora la calidad del agua tratada.
El pasado también recuerda que la higiene es cultura y acceso. Donde había canales se lavaba con **agua**. Donde no, se improvisaba con **hojas** o **paja**. Hoy la elección pasa por el poder adquisitivo, la sensibilidad ambiental y la salud dermatológica.
Una guía rápida para tu casa
Haz un cálculo sencillo. Cuenta los rollos que gastas en una semana y multiplícalos por 52. Con ese número, compara opciones: incorporar un **bidé**, pasar a **papel reciclado** o espaciar el uso del rollo con agua. Define un presupuesto y prueba un mes. Observa tu **piel** y tu cubo de basura. Ajusta.
Si tienes dudas dermatológicas, prioriza rutinas suaves: menos fricción, menos perfume, más **agua**. Y recuerda la lección histórica detrás del rollo: no existe una única solución universal. Cada entorno, cada **piel** y cada bolsillo necesitan su propio equilibrio, igual que hace siglos en China, Japón o Roma.



Qué asco y qué fascinante a la vez.
¿De verdad la gente compartía el tersorium en letrinas públicas? Suena antihigiénico a más no poder. ¿Hay evidencias claras de uso sobre el cuerpo y no solo para limpiar la instalación? Me dio escalofríos leer lo de la salmuera.