Muchos cuidan su suculenta con mimo y aun así la ven decaer. La pista no está donde imaginas hoy mismo.
El auge de las suculentas ha llenado salones y terrazas de verde. Y, sin embargo, el aloe vera se enferma en manos bienintencionadas. El creador Álvaro Pedrera advierte de un fallo silencioso que arruina plantas sanas y provoca confusión en cuestión de semanas.
La advertencia que incomoda a los amantes de las plantas
La mayoría señala a la sombra o a la luz como causa. Pedrera lo desmiente: el mayor enemigo del aloe no está arriba, está abajo. El riego equivocado destruye sus raíces y abre la puerta a hongos y pudriciones. El aloe es una suculenta: almacena agua en hojas y raíces. Si se riega como a una planta tropical, se colapsa su equilibrio.
El exceso de agua mata más aloes que la falta de sol. El síntoma número uno se esconde en el sustrato, no en la ventana.
La iluminación intensa, incluso con algo de sol directo, suele ser tolerable. Unas puntas rojizas señalan estrés lumínico, pero no necesariamente un problema grave. En cambio, un sustrato húmedo de forma constante asfixia las raíces y desencadena pudrición radicular.
Luz y sombra: qué soporta de verdad
- Luz brillante: ideal junto a una ventana luminosa, con sol filtrado varias horas.
- Sol directo suave: por la mañana o al final de la tarde, sin vidrio que queme como lupa en verano.
- Señal de exceso de sol: puntas rojizas; gira la maceta o tamiza la luz.
Riego correcto: método práctico que funciona
La regla de oro: espacia. Riega solo cuando el sustrato esté seco en profundidad y hazlo de forma puntual y generosa. Nada de “mojaditas” cada dos días. Un riego ligero y constante mantiene la tierra húmeda y favorece patógenos.
- Comprueba la tierra: mete un dedo o un palillo 3–4 cm. Si sale limpio y seco, toca riego.
- Riego profundo: empapa hasta que salga agua por los agujeros. Luego vacía el plato.
- Drenaje real: maceta con orificios y mezcla para cactus con arena y perlita.
- Espacia la frecuencia: más en calor, menos en frío. Observa la planta y el peso de la maceta.
- Nunca sobre la roseta: evita que el agua se deposite en el centro; favorece hongos.
| Época | Riego orientativo | Señal de que toca regar |
|---|---|---|
| Primavera | Cada 15–25 días | Tierra seca a 3–4 cm y maceta ligera |
| Verano | Cada 10–15 días | Hojas ligeramente menos turgentes y calor sostenido |
| Otoño | Cada 15–25 días | Secado más lento por menor luz |
| Invierno | Cada 30–45 días | Interior frío y poca evaporación: más espera |
Riega cuando el sustrato esté seco hasta 3–4 cm, no cuando te parezca que “ya toca”. El calendario lo marca la maceta.
Señales de alarma y cómo actuar
El exceso de agua se camufla. Hojas amarillas, translúcidas y blandas se confunden con sed. Regar más empeora todo. Mira estas pistas y reacciona a tiempo.
- Hojas hinchadas y blandas: suspende el riego. Mueve la planta a luz brillante y ventilada.
- Agua en la roseta: inclina la maceta y seca con papel. Mantén 48 horas sin riego.
- Raíces oscuras y blandas: hay pudrición radicular. Corta partes afectadas y desinfecta.
- Olor a humedad: revisa el plato. El agua retenida es un caldo de cultivo de hongos.
Rescate exprés paso a paso
- Saca la planta y limpia el sustrato. Retira raíces negras o viscosas con tijeras desinfectadas.
- Espolvorea canela o un fungicida sobre los cortes. Deja cicatrizar 24–48 horas a la sombra.
- Prepara una mezcla aireada: 50% material mineral (arena gruesa, perlita, grava) y 50% sustrato ligero.
- Replanta en maceta con agujeros, mejor de barro para ayudar a evaporar. No riegues 5–7 días.
- Reanuda riegos profundos y espaciados. Vigila la turgencia de las hojas.
- Temperatura ideal: 18–27 °C. No tolera heladas.
- Fertilización: mínima. Una dosis suave en primavera es suficiente.
- Ventilación: aire en movimiento reduce hongos; evita corrientes frías directas.
- Limpieza: retira polvo de las hojas con un paño seco. No pulverices agua.
Maceta y tierra: los cimientos que lo deciden todo
Una maceta sin agujeros condena al aloe. Elige barro por su transpiración y un diámetro solo un poco mayor que el cepellón. Evita recipientes enormes: el exceso de sustrato retiene agua. La mezcla importa más que la marca: busca porosidad. Un buen punto de partida es 40% sustrato universal, 30% arena de sílice lavada, 20% perlita y 10% gravilla. Añade una capa de drenaje ligera, sin abusar de piedras finas que puedan bloquear los orificios.
Más que decorativa: usos y propagación casera
El gel del aloe se usa de forma tradicional para calmar la piel tras el sol o pequeñas rozaduras. En jardinería, su gel funciona como enraizante casero para esquejes blandos: aplica una fina película en la base, deja que se oree unos minutos y planta en mezcla aireada. Una planta sana emite hijuelos alrededor de la madre. Sepáralos cuando tengan raíces propias y al menos 10–12 cm de altura. Obtendrás nuevos ejemplares sin coste y con el mismo vigor que la planta original.
Precaución doméstica: el látex amarillento que exuda la hoja recién cortada puede irritar pieles sensibles. Mantén la planta lejos de mascotas curiosas y niños. Si usas el gel, haz una prueba en una zona pequeña de la piel.
Datos rápidos para un aloe en forma
Lo que no te cuentan del “día a día” con un aloe
Si te vas 10 días en verano, riega 48 horas antes y deja la maceta en un lugar luminoso sin sol abrasador. Coloca la planta sobre un plato con arcilla expandida húmeda sin que el agua toque el fondo de la maceta. La evaporación sube la humedad ambiental sin mojar el sustrato.
Entrena tu mano con el “peso de la maceta”: levántala tras un riego profundo y memoriza esa sensación. Repite cuando esté seca. Ese contraste guía mejor que cualquier calendario. Y si dudas, espera. El aloe vera perdona la sed; el encharcamiento, no.



¡Por fin alguien lo dice! Yo culpaba a la ventana y era el riego. Probé lo de meter el dedo 3–4 cm y esperar, y mi aloe dejó de ponerse blando. También me ayudó pesar la macéta después de un riego profundo. Gracias por el truco del plato vacío 🙂