En pleno Ártico, algo inesperado está ocurriendo con una especie que asociamos al hielo eterno y al silencio blanco.
En los últimos años, equipos que trabajan sobre el terreno han observado un patrón que incomoda a muchos: algunos osos polares aparecen más pesados. La lectura fácil sería celebrar reservas de grasa al alza. La realidad es más compleja y plantea preguntas sobre cambio climático, disponibilidad de presas, gasto energético y comportamientos que se están transformando a gran velocidad.
La pista que desconcierta a los investigadores
En una parte del Ártico, la población de Svalbard, en el mar de Barents, muestra un repunte del índice de condición corporal tras años de pérdida acelerada de hielo marino. Los registros de campo, recogidos durante más de dos décadas, apuntan a una relación no lineal entre el calentamiento y la salud aparente de los animales.
Más peso no equivale automáticamente a mejor estado. Puede ser una adaptación puntual o una trampa ecológica.
Los datos señalan que la condición cayó hasta inicios de los 2000 y, después, mejoró a pesar de que el hielo retrocedía. ¿Qué ha pasado entretanto? Cambiaron las comunidades de presas, cambió la energía que ingieren los osos y cambió la energía que gastan para conseguirla.
Qué es el índice de condición corporal
El índice de condición corporal (BCI) es una estimación del estado físico de un animal a partir de medidas como largo del cuerpo y grosor de grasa. Resume si un oso acumula reservas suficientes para cazar, moverse, criar y sobrevivir a periodos con menos alimento. Un BCI alto puede significar grasa extra… o un desequilibrio si esa grasa llega con menos músculo o más contaminantes en la cadena trófica.
Por qué pueden estar engordando
- Más presas alternativas: en el mar de Barents han aumentado especies como las focas de puerto, los renos y, de forma estacional, la morsa. Un oso oportunista puede explotar esos recursos cuando la foca anillada escasea.
- Gasto energético distinto: con menos hielo, algunos osos caminan menos sobre plataformas inestables y usan costas y archipiélagos, lo que modifica el balance entre energía gastada y obtenida.
- Carroña marina: restos de cetáceos o morsas pueden sostener a individuos durante semanas, generando picos de peso en temporadas concretas.
- Actividad humana: alrededor de asentamientos del Ártico, puntos de basura o descartes pesqueros ofrecen alimento fácil, con riesgos sanitarios y mayor conflicto con personas.
La misma pérdida de hielo puede generar más focas en ciertas bahías y menos en otras. El resultado para los osos cambia de un lugar a otro.
Lo que esto sí y no significa para la especie
El repunte de peso observado en Svalbard no invalida los impactos del calentamiento en otras regiones. En subpoblaciones donde el hielo estival desaparece antes, los osos pasan más tiempo en tierra y cazan peor a sus presas principales. Su condición y su éxito reproductivo pueden resentirse con veranos cada vez más largos.
Riesgos de un “engorde” en un Ártico que se calienta
- Dependencia de presas inestables: si la abundancia de una presa alternativa cae, el beneficio desaparece de golpe.
- Más conflictos: osos más presentes en áreas con gente suponen más encuentros, cebas involuntarias y más riesgos para ambos.
- Salud a largo plazo: grasa acumulada no protege de toxinas persistentes que se concentran en animales de alto nivel trófico.
- Desajustes estacionales: un buen BCI en primavera no garantiza reservas suficientes al final del verano si la caza se complica.
Qué dicen los datos en el mar de Barents
Un trabajo revisado por pares y divulgado en Nature analizó la condición de más de setecientos adultos, con cerca de mil doscientas capturas repetidas entre 1995 y 2019 en Svalbard. La serie muestra una caída inicial y un repunte posterior del BCI durante una fase de pérdida rápida de hielo. Los modelos que incorporan hielo y clima no dieron apoyo claro a un efecto negativo directo y simple. La explicación más plausible combina tres piezas: hábitat en transformación, estructura del ecosistema alterada y nuevos balances de ingesta y gasto. El aumento de presas como la foca de puerto, los renos y algunas morsas podría haber compensado parte de la pérdida de acceso a focas anilladas. La advertencia central es inequívoca: no conviene extrapolar estos resultados a todas las poblaciones.
No extrapolar: cada subpoblación de oso polar responde a su mezcla local de hielo, presas, clima y presencia humana.
Dónde va mejor y dónde peor
Los patrones regionales ayudan a interpretar las señales. No hay una única historia del oso polar, sino varias, simultáneas y a veces opuestas.
| Zona ártica | Hielo marino | Tendencia de condición corporal reportada | Presas destacadas |
|---|---|---|---|
| Mar de Barents (Svalbard) | Disminuye rápido | Mejora reciente del BCI en primavera tras caída inicial | Focas de puerto, renos, morsas |
| Bahía de Hudson occidental | Hielo estival se retira antes | Peor condición cuando el verano en tierra se alarga | Menos acceso a focas anilladas |
Cómo te afecta y qué puedes hacer desde hoy
Esta historia habla de sistemas que cambian y de decisiones que tomamos lejos del hielo. Lo que compres, el transporte que uses y la presión que ejerzas sobre políticas de reducción de emisiones influye en el ritmo del deshielo y, con él, en la dieta de un superdepredador que depende de plataformas de caza frágiles.
- Consumo responsable: prioriza productos con menor huella de carbono y pesca certificada que no incentive descartes que atraen fauna salvaje a puertos y basureros.
- Turismo ártico prudente: si viajas al norte, evita alimentar fauna, respeta distancias y exige gestión de residuos que impida el acceso de osos a comida humana.
- Apoyo a la ciencia: programas de ciencia ciudadana y donaciones a proyectos de seguimiento mejoran series de datos largas y comparables.
Una guía rápida para leer noticias sobre osos polares
- Pide el dónde y el cuándo: una tendencia en Svalbard no describe a todo el Ártico ni todos los años.
- Fíjate en el indicador: peso, BCI, supervivencia de cachorros y éxito de caza no siempre se mueven igual.
- Busca el mecanismo: cambios en presas, hielo, contaminantes o presencia humana explican el signo del cambio.
Un paso más: cómo se mide el BCI en campo
Equipos de investigación capturan y liberan osos en primavera. Registran longitud, perímetro torácico y grosor de grasa subcutánea. Con esas medidas calculan el BCI y lo comparan año a año. La repetición de capturas en los mismos individuos permite observar trayectorias vitales y separar los efectos de la edad, el estado reproductivo y el ambiente. Este enfoque, sostenido en el tiempo, detecta cambios sutiles que una foto aislada no revela.
Si quieres anticipar escenarios, piensa en una balanza: a un lado, ingesta por nuevas presas y carroña; al otro, gasto por desplazamientos, termorregulación y periodos en tierra. Mientras esa balanza se mantenga a favor del oso en ciertas regiones, verás más grasa. Si se rompe, el mismo animal que hoy parece robusto puede entrar en déficit la temporada siguiente. Esa es la razón por la que la sorpresa científica convive con la prudencia.



¿Engordan con menos hielo? Suena contraintuitivo, ¿no será un muestreo sesgado?